Vie
10
Abr
2009

Homilía Viernes Santo

Año litúrgico 2008 - 2009 - (Ciclo B)

Está cumplido

Introducción

Jesús, hablando un día con sus discípulos sobre su muerte que intuía próxima, les dijo: “Cuando sea levantado hacia lo alto, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32). Y, en otro momento de la Pasión, se nos dice también: “Mirarán al que traspasaron” (Jn 19,37).
Desde aquel primer Viernes Santo, todas las miradas se han seguido dirigiendo hacia el traspasado, al celebrarlo y recordarlo. Todas las miradas de todos los creyentes y seguidores de Jesús. Y no sólo ellos, también agnósticos y practicantes de otras religiones. Basta ser humanos, ser sensibles, para que un hecho como aquél, interpele y dirija la mirada y el corazón hacia él.
Las miradas hacia el misterio existieron y existen. Pero no todas fueron iguales y tampoco lo son en la actualidad. Las hubo entonces y las sigue habiendo de pura curiosidad. No importa que la escena esté teñida de sangre, interesa el espectáculo. Las hubo y las hay, hoy más que en otros momentos de la historia, de frivolidad. Miradas poco serias, a veces mezcladas de burla y desprecio. Junto a ellas, también nos consta que hubo miradas de condolencia, como las de las piadosas mujeres de entonces y de después. Y de arrepentimiento, como la del buen ladrón. O llenas de fe, como la del Centurión. Y de respeto y cariño, como la de Juan, Nicodemo, José de Arimatea, María Magdalena y las otras mujeres. Me pregunto cuál es la mía y, con honradez y respeto, te sugiero te preguntes sobre la tuya..