Jue
16
Abr
2009
Estaban hablando, cuando se presenta Jesús y les dice: Paz a vosotros

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 3, 11-26

En aquellos días, mientras el paralítico curado seguía aún con Pedro y Juan, todo el pueblo, asombrado, acudió corriendo al pórtico llamado de Salomón, donde estaban ellos.
Al verlo, Pedro dirigió la palabra a la gente:
«Israelitas, ¿por qué os admiráis de esto? ¿Por qué nos miráis como si hubiéramos hecho andar a este con nuestro propio poder o virtud? El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis y de quien renegasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.
Vosotros renegasteis del Santo y del Justo, y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello.
Por la fe en su nombre, este, que veis aquí y que conocéis, ha recobrado el vigor por medio de su nombre; la fe que viene por medio de él le ha restituido completamente la salud, a la vista de todos vosotros.
Ahora bien, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia, al igual que vuestras autoridades; pero Dios cumplió de esta manera lo que había predicho por los profetas, que su Mesías tenía que padecer.
Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados; para que vengan tiempos de consuelo de parte de Dios, y envíe a Jesús, el Mesías que os estaba destinado, al que debe recibir el cielo hasta el tiempo de la restauración universal, de la que Dios habló desde antiguo por boca de sus santos profetas.
Moisés dijo: “El Señor Dios vuestro hará surgir de entre vuestros hermanos un profeta como yo: escuchadle todo lo que os diga; y quien no escuche a ese profeta será excluido del pueblo”. Y, desde Samuel en adelante, todos los profetas que hablaron anunciaron también estos días.
Vosotros sois los hijos de los profetas, los hijos de la alianza que hizo Dios con vuestros padres, cuando le dijo a Abrahán: “En tu descendencia serán bendecidas todas las familias de la tierra”. Dios resucitó a su Siervo y os lo envía en primer lugar a vosotros para que os traiga la bendición, apartándoos a cada uno de vuestras maldades».

Salmo

Sal 8, 2a y 5. 6-7. 8-9 R/. ¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

Señor, Dios nuestro,
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él,
el ser humano, para mirar por él? R/.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos.
Todo lo sometiste bajo sus pies. R/.

Rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 35-48

En aquel tiempo, los discípulos de Jesús contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dice:
«Paz a vosotros».
Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu.
Y él les dijo:
«¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo».
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:
«¿Tenéis ahí algo de comer?».
Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.
Y les dijo:
«Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.
Y les dijo:
«Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Nosotros somos testigos

Jesús resucitado vive y sigue presente en la vida y en la acción de los discípulos. La fe en Jesús sigue curando. Sigue “poniendo en pie” y sigue “ echando a andar” a los “ tullidos y paralíticos” de aquella sociedad. La gente se asombra y Pedro y Juan se declaran testigos de que Jesús vive y actúa. La experiencia de que está vivo les hace profetas que denuncian: “Vosotros lo matasteis” y que anuncian: “Dios lo resucitó”. Dios ha dado la razón al crucificado. Para ellos, la resurrección es la respuesta de Dios a la injusticia de quienes querían acallar a Jesús.

La lucha y los esfuerzos de quienes buscan para todos un mundo más feliz y más humano tiene sentido y no terminará en fracaso. La injusticia, la violencia, la corrupción y la muerte no tienen la última palabra sobre la humanidad. Nuestra forma de vivir debe estar marcada por la esperanza que nos dará fuerza para proyectar un futuro distinto y mejor.

Jesús vive. Nosotros también somos testigos.

  • Jesús es y se muestra humano

Los dos de Emaús han experimentado  que Jesús está vivo y vuelven al grupo  para compartir su gozo. Jesús se hace presente en medio de la comunidad, donde cada miembro está viviendo una situación diferente: Unos tienen certeza absoluta de que Jesús ha resucitado…, otros, quizás en este momento, están experimentando la increencia…, otros están envueltos en dudas. En las personas, como en la naturaleza , hay ritmos diferentes.

Jesús se hace presente y a todos da la paz. Les muestra sus heridas y come con ellos. Como dice Leonardo Boff “sólo Dios puede ser tan humano.”  En comunidad se puede y se debe mostrar las heridas, expresar las necesidades y avanzar siendo diferentes.

Para los cristianos la experiencia de Dios está vinculada a las experiencias cotidianas de la vida. Hay que vivir y descubrir al Dios que va caminando con nosotros y nos va mostrando sus heridas. Jesús resucitado vive y sigue presente a la vida de los discípulos pero a éstos les cuesta reconocer su presencia. Los discípulos de Emaús “estaban cegados y no podían reconocerlo”. Los reunidos en comunidad “pensaban que era un fantasma”. La Magdalena “se volvió hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no se daba cuenta de que era Él” Jesús está vivo pero no le reconocen. La resurrección de Jesús muestra que la debilidad ha triunfado sobre el poder y se ha revalorizado lo débil.

“Vosotros sois mis testigos” les dice Jesús.

Nosotros también somos sus testigos. Si creemos que Jesús está vivo no podemos callarlo y seamos como Él  humanos, muy humanos. Acerquémonos con paz y ternura a la humanidad de hoy para que descubra y experimente que Él está con nosotros.