Vie
17
Abr
2009
Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 1-12

En aquellos días, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, después de que el paralítico fuese sanado, se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran en Jesús la resurrección de los muertos. Los apresaron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. Muchos de los que habían oído el discurso creyeron; eran unos cinco mil hombres.
Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, junto con el sumo sacerdote Anás, y con Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes, Hicieron comparecer en medio de ellos a Pedro y a Juan y se pusieron a interrogarlos:
«¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?».
Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo:
«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros. Él es “la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular”; no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos».

Salmo

Sal 117, 1-2 y 4. 22-24. 25-27a R/. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R/.

La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.

Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 21, 1-14

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, apodado el Mellizo; Natanael, el de Caná de Galilea; los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
«Me voy a pescar».
Ellos contestan:
«Vamos también nosotros contigo».
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
«Muchachos, ¿tenéis pescado?».
Ellos contestaron:
«No».
Él les dice:
«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis».
La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro:
«Es el Señor».
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos doscientos codos, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.
Jesús les dice:
«Traed de los peces que acabáis de coger».
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
«Vamos, almorzad».
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor.
Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “En nombre de Jesucristo Nazareno”

Buena pregunta para Pedro: ¿Con qué poder y en nombre de quién habéis hecho eso? Buena pregunta para nosotros los cristianos de 2009: ¿En nombre de quién hacemos todo lo que hacemos? ¿Quién es el que nos mueve a levantarnos, a trabajar, a amar, a perdonar, a no poner nuestro corazón en el dinero o en el aplauso de los hombres, a luchar por la justicia, a descansar, a evangelizar, a…? Ojalá podamos responder como Pedro. Ojalá podamos decir que es Jesús, el que es nuestra vid, nuestra fuente de energía, nuestro manantial de vida y de ilusión… el que nos impulsa a hacer todo lo que hacemos, desde la salida del sol hasta su ocaso. Ese Jesús al que queremos permanecer siempre unidos para correr su misma suerte, caminar por sus caminos y ser resucitados con Él.

  • “Es el Señor”

Los evangelios nos relatan la situación cuando Jesús, después de resucitado, se muestra a sus apóstoles. En un primer momento, no le reconocen. Hay un segundo momento, en el que inspirados por el mismo Jesús, le reconocen y se llenan de alegría. Los apóstoles-pescadores, después de una brega nocturna coronada por un gran fracaso, no reconocen  a Jesús, que les interroga si tienen pescado. Les indica dónde tienen que lanzar sus redes y se encuentran con una multitud de peces. Ésta es la insinuación de Jesús, éste es su desvelamiento, que los apóstoles captan enseguida: “Es el Señor”. Jesús les ha retirado las escamas de sus ojos y de su alma, y les confirma que ha resucitado. Ellos redoblan su confianza, su amor, su fe en Él, que les vuelve a invitar a comer. Salvando las distancias históricas, es lo mismo que Jesús hace con cualquier cristiano de cualquier tiempo. Se nos presenta las veces que sean necesarias, quita las escamas de nuestros ojos, nos recuerda todo lo que ha hecho por nosotros, nos recuerda sus promesas, su amor, su resurrección,  y… seducidos, convencidos y empujados por Él, le seguimos: “Es el Señor”.