Jue
9
Abr
2009

Homilía Jueves Santo

Año litúrgico 2008 - 2009 - (Ciclo B)

Los amó hasta el extremo

Pautas para la homilía

  • Donde está el Señor hay libertad

Jesús celebra una cena de despedida como anticipo del banquete final en el Reino. En ella nos dio las pruebas definitivas de su amor. Nos enseñó a amar hasta la mayor donación, y hasta la entrega más generosa. Nos lo dio todo.
Jesús, como buen judío, había celebrado muchas veces la pascua recordando la liberación de su pueblo esclavo en Egipto. Fue el Señor quien lo liberó porque donde está el Señor hay libertad.
En la cena de despedida, Jesús, reunido con sus discípulos, celebra una vez más la Pascua. No faltó el cordero, el pan y el vino, pero, con un contenido nuevo que supera el anterior. Ahora se recuerda el amor de Cristo hasta la muerte y su paso victorioso hasta la Vida.

  • Gestos elocuentes de su entrega:


Institución de la Eucaristía

Jesús repite el gesto que todos conocen: Toma el pan, pronuncia una bendición a Dios, lo rompe y lo distribuye, como tantas veces lo había hecho, pero, esta noche, mientras lo reparte pronuncia esta afirmación: “Esto es mi cuerpo”. En otras ocasiones, al final de la cena, Jesús daba gracias alzando la copa de vino, pero, esta noche,  sublima el gesto y todos beben de una misma copa mientras Jesús les dice: “ésta es la Nueva Alianza sellada con mi sangre”.

Con estos gestos Jesús resume su servicio al Reino de Dios y su entrega total. Los seguidores de Jesús no quedan huérfanos. La muerte no puede romper la unión con Él. Él estará siempre con nosotros.

La institución de la Eucaristía es el gesto más importante realizado por Jesús en esta noche. Es el Sacramento central de la fe y de la experiencia cristiana.

Lavatorio de los pies

Jesús, con el gesto del lavatorio de los pies, nos enseña cual debe ser el estilo de su comunidad: la igualdad y la libertad como fruto del amor mutuo. Quien no acepta este rasgo distintivo  queda excluido de la unión con Jesús.

Jesús, al hacerse servidor, manifiesta su grandeza de muy distinta manera a como acontece en nuestra sociedad. Su amor y su servicio crean las condiciones de igualdad y de libertad entre los seres humanos. En la comunidad de Jesús todos serán señores porque todos serán servidores. Las diferencias de funciones no justifican superioridad alguna ni pueden enturbiar la relación de hermanos, pues todos somos hijos del mismo Padre. Jesús, al lavarles los pies, y al compartir la cena con sus discípulos, ha mostrado su amor, un amor que no excluye a nadie, ni siquiera al que lo iba a entregar.

En nuestro mundo, donde se dan escandalosas desigualdades, donde tener es, muchas veces, más importante que ser, la actitud de Jesús nos enseña que ni el deseo de hacer bien justifica el ponerse por encima de los demás. Jesús se arrodilla ante los pies endurecidos de los suyos y nos enseña la manera de estar ante las debilidades, los defectos e incluso los fallos de nuestros hermanos: arrodillados para comprenderlos, lavarlos y ayudarles a continuar caminando.
“El que quiera ser grande entre vosotros, que sea el servidor de todos.”

Haced esto en memoria mía

A veces pensamos que el mandato del Jesús : “Haced esto en memoria mía” se refiere únicamente a la celebración de la Eucaristía, pero posiblemente abarca todo el contexto de la cena. También el lavatorio de los pies.

En la  Eucaristía renovamos la memoria de la muerte de Jesús y nos vinculamos a ella. Jesús, al lavar los pies, nos muestra una actitud de servicio y nosotros estamos llamados a tener esa misma actitud en memoria suya. Si la Eucaristía actualiza el gesto de amor y entrega de Jesús con el signo de compartir el pan y el vino, nuestra actitud al celebrar la Eucaristía debe ser la de celebrar el amor mutuo compartiendo lo nuestro con los demás. Eucaristía, Comunidad y amor son inseparables.

Si nos amamos y hacemos lo que Él hizo, perpetuamos su presencia entre nosotros y seremos signos creíbles. Los otros conocerán que  somos de los suyos.