Dom
25
Abr
2010

Homilía Cuarto Domingo de Pascua

Año litúrgico 2009 - 2010 - (Ciclo C)

Yo y el Padre somos uno

Comentario bíblico
de Fr. Gerardo Sánchez Mielgo - Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)



Primera lectura: (Hechos 13,14.43-52)

Marco: Hechos 13 recoge el único discurso kerigmático que el autor de Hechos coloca en labios de Pablo. El fragmento que proclamamos hoy recuerda el resultado final del discurso.

Reflexiones

1ª) ¡Primero los judíos, luego los gentiles!

Teníamos que anunciaros primero a vosotros la Palabra de Dios; pero como la rechazáis... sabed que nos dedicamos a los gentiles. El plan salvador de Dios debía seguir un itinerario: primero los judíos y después los gentiles (Gn 12,1ss). Este proyecto de futuro, abierto a todas las gentes y naciones, recorrerá un camino difícil desde el punto de vista de la historia. En la etapa posterior al exilio de Babilonia, para salvaguardar la pureza de la fe de Israel, se fue cerrando el círculo cada vez más, hasta el punto de considerar a los gentiles como unos impuros y malditos. El relato joánico nos ha conservado un encuentro entre Jesús y la samaritana de especial significación en este asunto (Jn 4,22). También en el relato mateano encontramos dos momentos en este sentido: antes de la resurrección (Mt 10,5-7); después de la resurrección (Mt 28,18s). Y en las últimas recomendaciones de Jesús antes de su Ascensión aparece la misma preocupación (Hch 1,8). Todos estos testimonios reafirman la actitud de Pablo cuando observa que los judíos no aceptan el Evangelio. Dios ha querido llegar a las naciones a través de Israel, su pueblo elegido. Pero el destino final son todas las gentes. Se trata de un plan salvador universal. Es consolador contemplar este proyecto de Dios que trasciende todas las fronteras y no admite acepción de personas, nacionalidades o razas. Todos caben en la sala de bodas. Cristo resucitado ha roto todas las fronteras en todos los sentidos. La Iglesia tiene la misión y la tarea de ser sacramento de salvación para todo el mundo.

Segunda lectura: (Apocalipsis 7,9.14-17)

Marco: Sección de los siete sellos y revelación del sentido de la historia. El autor describe la multitud, que nadie puede contar, que celebran una fiesta sin fin ante el trono y el Cordero.

Reflexiones

1ª) ¡El inmenso número de los salvados!

Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y palmas en las manos. Los versículos que preceden al fragmento que proclamamos hoy se refieren a los 144.000 señalados de las 12 tribus de Israel. Sabemos que se trata de un número simbólico, resultado de la multiplicación de 12 por 12.000. En realidad significa que todo el pueblo de Israel es invitado a participar del triunfo y de la gloria de su Mesías. Pero el horizonte marcado por Dios era más universal y amplio. El vidente contempla en el cielo una inmensa muchedumbre. ¿Será verdad que Dios tiene un proyecto universal, para todos los hombres y para todas las naciones? El autor del Apocalipsis trata de responder, con esta visión, que en la meta de la salvación se reúnen hombres y mujeres de toda raza, pueblo y nación en un número incontable. En definitiva, la salvación depende de la respuesta libre del hombre y de la fidelidad mantenida en medio de las dificultades de este mundo.

Es verdad que la finalidad inmediata del vidente es alentar, consolar y animar a sus lectores inmersos en la persecución. No olvidéis, les dice, que en la meta final os espera una gran recompensa de la que todos podréis participar. No perdáis el ánimo en medio de las luchas y dificultades. Mantened el espíritu alerta y animado por la constancia, la perseverancia, el aguante y la longanimidad, porque la meta es la gloria compartida con el Cordero degollado. Pero a partir de esta experiencia inmediata, y apoyado en ella, se abre un abanico que se extiende a todos los tiempos y en todas las direcciones. Son muchos los que se salvan, repite la Escritura. Pero advierte ya el Maestro que es necesario vigilar y orar para no caer en la tentación de la apostasía, del abandono, de la renuncia a seguir adelante el camino marcado por el Evangelio y asumido por todos en el bautismo. Y para aquellos a los que no ha alcanzado todavía el Evangelio y, por tanto, todavía no participan de la fe en Jesús, el proyecto salvador de Dios se refleja en sus conciencias que empujan a un comportamiento conforme a la voluntad del Padre y del Creador.

Evangelio: (Juan 10,27-30)

Marco: El contexto presenta a Jesús como Luz de mundo: curación del ciego de nacimiento y presentación de Jesús como el Buen Pastor que conduce a los suyos a la vida.

Reflexiones

1ª) ¡Seguridad del destino de los seguidores de Jesús!

Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen... En la Escritura es frecuente encontrar, como en el Oriente Antiguo, la imagen del pastor para referirse a Dios o a los que Él envía para cuidar de su pueblo. En el Antiguo Testamento hay algunas páginas significativas en las que se presenta tanto a Dios como a sus lugartenientes bajo la imagen del pastor (Sl 79; Ez 36). Podemos suponer que los redactores joánicos han tenido delante de sus ojos dos realidades importantes, a saber, esta profecía de Ezequiel y la experiencia de la misión de Cristo. Jesús ha realizado el proyecto ideal querido por el Padre al enviarlo al mundo. Y lo ha realizado como un Pastor fiel y auténtico. Jesús invita a los hombres a seguirle para conseguir la vida eterna. La imagen está tomada de la forma y estilo de realizar el pastoreo ya que las ovejas siguen detrás del pastor. Jesús conduce a su rebaño hasta la meta que culmina su obra, porque las ovejas siguen al pastor hasta el final. Con estas imágenes tan frecuentes y adecuadas en la cultura del antiguo Oriente y de Israel, el redactor joánico expresa una tarea, una misión, un talante y una meta: la gloria que Jesús posee y disfruta (Jn 17,24). Quizá esta imagen del pastor y las ovejas no tenga esa fuerza plástica y significativa en nuestro tiempo. Es necesario subrayar lo significado por la imagen. Jesús, el Pastor fiel y auténtico, ofrece a la humanidad un camino y unas posibilidades reales que la conducen a la meta final de la salvación que es la posesión de la vida feliz sin término. Y, dirigiendo la mirada a la Iglesia, se trata de una urgencia para presentar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo lo que significa la solicitud respetuosa con su libertad y la generosidad y solidaridad.

2ª) ¡La causa última de la seguridad: Yo y el Padre somos uno!

Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. Sabemos que a la escuela joánica le gusta llegar al fondo de la realidad. La garantía que se ofrece a los seguidores de Jesús es, dice el evangelista, que el Lugarteniente y el que lo envía son una misma cosa. El Padre es quien sale garante de la misión del Hijo. Y del Padre nadie puede arrebatar las ovejas porque tiene poder para custodiarlas contra todas las dificultades y asaltos. Pero la escuela joánica no sólo contempla al Padre como quien tiene un poder soberano sino, sobre todo, como quien se revela en su amor a los hombres hasta enviarles a su propio Hijo para salvar a la humanidad y no para condenarla (Jn 3,16ss). La comunión plena del Hijo con el Padre es la garantía de éxito en la misión y fundamenta la seguridad y la esperanza de los que siguen a Jesús, cuya meta final es la vida eterna. Una vida que comienza ya aquí, porque los que aceptan la palabra del Buen Pastor pasan de la muerte a la vida y se asientan definitivamente en la vida. Y esta vida se consolida en la comunión del Pan que se le ofrece como la propia carne de Jesús (Jn 6,31-58). La escuela joánica, en la que no faltaban problemas de comunión, quiere expresar de esta manera que la tarea de Jesús está en plena sintonía con el proyecto del Padre que le ha enviado como Salvador del mundo. El Jesús resucitado sigue presente en su Iglesia actualizando su misión de Buen Pastor, pero ahora oculto en sus pastores. Es necesario que los pastores traten de asemejarse a Jesús en la misión y que los hombres y mujeres puedan encontrar creíble y fiable la oferta del propio Jesús.