Lun
12
Abr
2010

Evangelio del día

Segunda semana de Pascua

El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 23-31

En aquellos días, puestos en libertad, Pedro y Juan volvieron al grupo de los suyos y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos. Al oírlo, todos juntos invocaron a Dios en voz alta: - «Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que contienen; tú inspiraste a tu siervo, nuestro padre David, para que dijera: "¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos planean un fracaso? Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspi-ran contra el Señor y contra su Mesías, " Así fue: en esta ciudad se aliaron Herodes y Poncio Pilato con los gentiles y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, tu Ungido, para realizar cuanto tu poder y tu voluntad habían determinado. Ahora, Señor, mira cómo nos amenazan, y da a tus siervos valentía para anunciar tu palabra; mientras tu brazo realiza curaciones, signos y prodigios, por el nombre de tu santo siervo Jesús.» Al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos, los llenó a todos el Espíritu Santo, y anunciaban con valentía la palabra de Dios.

Salmo

Sal 2, 1-3. 4-6. 7-9 R. Dichosos los que se refugian en ti, Señor.

¿Por qué se amotinan las naciones,
y los pueblos planean un fracaso?
Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías:
«Rompamos sus coyundas, sacudamos su yugo». R/.

El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
«Yo mismo he establecido a mi rey
en Sión, mi monte santo.» R/.

Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo: te daré en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza.» R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 3,1-8

Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y le dijo: - «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él.» Jesús le contestó: - «Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.» Nicodemo le pregunta: - «¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer? » Jesús le contestó: - «Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: "Tenéis que nacer de nuevo"; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.»

Reflexión del Evangelio de hoy

La fe cristiana nace bajo el signo de la persecución. Ser cristianos equivalía a ser perseguido por su fe. Los primeros, los apóstoles. En especial los más significados, como Pedro y Juan. De ello son conscientes. No se extrañan porque saben lo que sucedió con su Maestro. No pueden aceptar que los jefes judíos acepten que entregaron a la muerte a un profetas, al Enviado de Dios. Ellos no tenían la experiencia de la Resurrección que tienen los apóstoles. Precisamente será el testimonio de éstos, que les lleva a ser perseguidos, el argumento más plausible de la Resurrección. A lo largo de la historia nunca ha faltado la persecución por ser cristiano en algún lugar del mundo. La fe cuesta la vida en no pocos momentos, en no poso lugares. Los apóstoles no piden que cese la persecución, ser comprendidos y aceptados por los jefes religiosos, piden ser valientes, no acobardarse ante la persecución. Es lo que hemos de pedir para todo testigo de la Resurrección de Cristo.

Nicodemo es fariseo y jefe, persona importante. Algo ha sentido en su interior que le hace interesarse por Jesús. Quien habla como él y realiza los signos que todos pueden ver, tiene que venir de Dios. Pero sus enseñanzas tan distantes a veces de las convencionales de la religión oficial le sorprenden. Jesús le dice que es necesario nacer de nuevo. Cambiar de paradigmas, se diría ahora. Cambiar desde lo hondo del ser, desde el espíritu, desde la verdad de lo que somos. Es un programa fuerte. Se necesita que el Espíritu, con mayúscula, genere ese cambio. Toca es abrirse al Espíritu, no echar en saco roto su gracia.