Mar
13
Abr
2010

Evangelio del día

Segunda semana de Pascua

Tiene que ser elevado el Hijo del hombre.

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 32-37

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno. José, a quien los apóstoles apellidaron Bernabé, que significa Consolado, que era levita y natural de Chipre, tenía un campo y lo vendió; llevó el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles.

Salmo

Sal 92, lab. 1c-2. 5 R. El Señor reina, vestido de majestad.

El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder. R/.

Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno. R/.

Tus mandatos son fieles y seguros;
la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 5a. 7b-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: -«Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.» Nicodemo le preguntó: - «¿Cómo puede suceder eso?» Le contestó Jesús: - « Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Lo poseían todo en común”

La resurrección del “Señor Jesús” cambió la vida entera de los apóstoles. Cuando Jesús les convenció de que había resucitado, dejaron a un lado el miedo, el estar encerrados en casa, y con valentía predicaron a Cristo resucitado. La primera consecuencia de todo ello, fue que todas las palabras e indicaciones de Jesús cobraron nueva intensidad: eran verdad, se podían fiar de él en todo lo que había anunciado y predicado. Y lo pusieron por obra. Hasta, por creerse de verdad que eran hermanos ya que Dios es el Padre de todos, pusieron todas las cosas en común como nos describe la primera lectura. Es cierto que hoy, los cristianos, en nuestra sociedad, no vivimos esta vida común, aunque la vivencia-exigencia de fraternidad sigue en pie y nos tiene que llevar a sacar las consecuencias, y poder llamar hermano a todo hombre, empezando por los más débiles y necesitados.
Los religiosos y religiosas sí tratan de cumplir al pie de la letra la vida de esta primitiva comunidad cristiana.

  •  “Tiene que ser elevado el Hijo del hombre”

Sigue el diálogo de Jesús con Nicodemo, el discípulo nocturno. Trata de decirle que él ha bajado del cielo. Con lo que nosotros sabemos de Jesús, de su vida, muerte y resurrección, lo podemos traducir así: trata de convencerle de que no solamente es el Hijo del hombre, sino que es también el Hijo de Dios, y que su testimonio, lo que nos dice, es lo que ha visto en el cielo, en Dios, y que sus palabras, no son sólo palabras de hombre, sino palabras de Dios, por lo que debemos aceptarlas, tanto cuando nos hable de “las cosas terrenas” como “de las cosas celestes”. Quizás a Nicodemo les costará menos creer a Jesús cuando le vea levantado en la cruz, muriendo por testimoniar sus palabras, no desdecirse de ellas y dándonos así, si le seguimos, “la vida eterna”.