Sáb
17
Abr
2010

Evangelio del día

Segunda semana de Pascua

Vieron a Jesús caminando sobre el lago.

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6, 1-7

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de
lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas.
Los Doce convocando a la asamblea de los discípulos, dijeron:
«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto,
hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los
encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al serviciode la palabra». La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro,
Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía, Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba creciendo, y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

Salmo

Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19 R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R.

Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 16-21

Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al mar, embarcaron y empezaron la travesía hacia Cafárnaún.
Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba
encrespando.
Habían remado unos veinticinco o o treinta estadios, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca,
caminando sobre el mar, y se asustaron. Pero él les dijo:
«Soy yo, no temáis».
Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.

Reflexión del Evangelio de hoy

En las tres lecturas que vamos a compartir resaltaremos la esperanza como hilo conductor de las mismas.
En la primera lectura podemos tomar la postura helenista y preguntarnos cómo todos nosotros y nosotras que formamos la Iglesia atendemos las necesidades de nuestras “viudas” representadas en muchos/as necesitados/as que tenemos a nuestro alrededor. En esta lectura vemos como en los primeros tiempos da la impresión que de una forma más natural que hoy en día y gracias a que todos/as ponían al servicio de los demás sus dones satisfacen una necesidad que les surgió. Ante esta actuación nos preguntamos cómo todos/as nosotros/as que estamos llamados al diaconado como servicio, damos respuesta a las necesidades que surgen a nuestro alrededor poniendo al servicio de nuestras comunidades nuestros dones y talentos, y en nuestras comunidades cómo nos organizamos para elegir a aquellos que han de satisfacer dichas necesidades. La respuesta a nuestras preguntas quizá podríamos encontrarla en otro interrogante: ¿qué haría Jesús en nuestro lugar?
En el salmo volvemos a encontrar que el Señor no se olvida de su pueblo y entre la esperanza y la misericordia siempre podemos encontrarle, alabarle y darle gracias porque sin ser quizás Él directamente da las pistas a otros para que su pueblo esté atendido.
El evangelio no presenta tormenta, oscuridad, miedo y la sensación de que el tiempo pasa y estamos agotados de remar en medio del caos hacia no se sabe dónde. La esperanza nos lleva a buscarlo, a que aparezca de nuevo entre nosotros, a palparlo físicamente; pero sin necesidad de que esto suceda, la fe en Él nos llevará a encontrarlo en su orilla. A la fe solo Él nos puede llevar.