Sáb
9
May
2009

Evangelio del día

Cuarta Semana de Pascua

Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí.

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 44-52

El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra del Señor. Al ver el gentío, los judíos se llenaron de envidia y respondían con blasfemias a las palabras de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía:
«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”».
Cuando los gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a la vida eterna.
La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras distinguidas, adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo y Bernabé y los expulsaron de su territorio.
Estos sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se fueron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaban llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Salmo

Salmo Sal 97, 1bcde. 2-3ab. 3cd-4 R/. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 7-14

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».
Felipe le dice:
«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».
Jesús le replica:
«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.
En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

Reflexión del Evangelio de hoy

¿Nos asusta la PALABRA DE DIOS?,  ¿miramos hacia otro lado?

Los judíos rechazaban las palabras de Pablo y Bernabé al atender a los gentiles, a los no elegidos por la sociedad, cuando habían tenido ocasión de haber sido destinatarios de esa palabra regeneradora, dadora de vida, impulsora de fe,…

No veían la verdad, el anuncio de la palabra, sin reparos, de forma universal… y nosotros ¿nos dejamos empapar de la palabra de Dios? ¿Somos capaces de considerarnos hermanos de aquellos que también necesitan de la palabra de Dios para sentirse vivos.?

Puede resultar difícil en nuestras vidas aparcar nuestras obligaciones y sentirnos cercanos de los discriminados, de los excluidos de la sociedad y mojarnos con ellos. Hacernos parte del mensaje de Dios, de ese mensaje que tuvimos el privilegio de recibir, y vivir con ellos, descubrir con ellos, la vida eterna, la vida que desde ya debemos redibujar con los trazos de Dios. Cada uno sabe cuales son las líneas mas difuminadas que debe remarcar, borradas cuando no asumimos nuestro compromiso con la palabra de Dios.

Felipe dijo: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta." ¿A nosotros también? Quizás unos somos más incrédulos que otros por naturaleza pero, como hijos suyos ¿no está el Padre en nosotros y nosotros en Él? ¿No somos sin duda alguna su mejor obra?... En los tiempos que corren, qué gran ayuda es sentir esa conexión con el Padre/Madre, sentir la fortaleza, la seguridad, la tranquilidad de sentirnos protegidos. No dudéis que con la fuerza del Padre/Madre, la palabra se hace presente en nosotros, y a través de ella, nosotros en la vida de los demás.