Mié
29
Abr
2009

Evangelio del día

Tercera Semana de Pascua

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré.

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 1, 5 — 2, 2

Queridos hermanos:
Este es el mensaje que hemos oído de Jesucristo y que os anunciamos: Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él y vivimos en las tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero, si caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado.
Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros.
Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Salmo

Sal 102, 1b-2. 8-9. 13-14. 17-18a R/. Bendice, alma mía, al Señor

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo. R/.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R/.

La misericordia del Señor
dura desde siempre y por siempre,
para aquellos que lo temen;
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Venid a mí todos los que estáis cansados”

Nadie, con credibilidad, puede decir esto más que Jesús, más que Dios. La diferencia entre ir a él e ir a otros, nos la confesó él aquel día que, cansado, se sentó junto a la fuente de Sicar en espera de la Samaritana. El agua calma la sed, pero no la sed de eternidad y felicidad que todos sentimos. “Y el que beba del agua que yo le daré –dice Jesús- no volverá a tener sed” (Jn 4,13-14).

  • La sencillez

Jesús muestra su predilección por los niños, sin excluir nunca a los sabios y entendidos, a no ser que ellos mismos se autoexcluyan. A los niños, por su sencillez; cuando se excluyen los sabios lo hacen por su soberbia y orgullo. Pero, niños y mayores, letrados e ignorantes, gozan de la predilección de Dios cuando brilla en ellos la sencillez, la disponibilidad, la apertura, la honradez, la bondad.

  • Santa Catalina de Siena

Veintiséis años después de morir Santo Domingo, nace Catalina, una de sus hijas más sobresalientes, uno de esos personajes femeninos que han dejado huella profunda en la historia de la Iglesia, de la espiritualidad, del apostolado y de la pacificación de los pueblos. Quizá por eso, Pablo VI la nombró doctora de la Iglesia y Juan Pablo II, patrona de Europa. Hoy su figura tendría una expresión semejante a la de Teresa de Calcuta en acciones de misericordia, en legaciones pontificias, en defensa de la vida y de la paz. Juan Pablo II la valoró como “obra maestra de la gracia. Y el dominico P. Mandonnet, como “la mejor realización del ideal dominicano”.

¿Qué significa hoy pertenecer a la familia de Catalina de Siena? Dado como vivió ella el ideal dominicano, es lo mismo que preguntar: ¿Qué significa ser hoy dominica o dominico?

Ser dominica o dominico hoy, lo mismo que ayer, lo mismo que mañana, significa ser y sentirse enviado en una doble misión: a hacer discípulos de Jesús, como el mismo Jesús envió a sus apóstoles, y a vivir en comunidad. A sentirse, como Jesús, enviado al Padre y del Padre. Como Jesús lo hizo todo en obediencia al Padre, el dominico, la dominica, trata, también en obediencia, de ir a donde le envíen o quedarse donde le manden. Tan importante como el qué, es el por qué y el cómo. El dominico, la dominica, lo hacen porque se sienten enviados por Dios. Y, al hacerlo, muestran su agradecimiento, su alegría y su sentido del humor. Como Catalina. Como Santo Domingo.