Vie
1
May
2009

Evangelio del día

Tercera Semana de Pascua

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 9, 1-20

En aquellos días, Saulo, respirando todavía amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, autorizándolo a traerse encadenados a Jerusalén a los que descubriese que pertenecían al Camino, hombres y mujeres.
Mientras caminaba, cuando ya estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor. Cayó a tierra y oyó una voz que le decía:
«Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?».
Dijo él:
«¿Quién eres, Señor?».
Respondió:
«Soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, entra en la ciudad, y allí se te dirá lo que tienes que hacer».
Sus compañeros de viaje se quedaron mudos de estupor, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo, y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo llevaron de la mano hasta Damasco. Allí estuvo tres días ciego, sin comer ni beber.
Había en Damasco un discípulo, que se llamaba Ananías. El Señor lo llamó en una visión:
«Ananías».
Respondió él:
«Aquí estoy, Señor».
El Señor le dijo:
«Levántate y ve a la calle llamada Recta, y pregunta en casa de Judas por un tal Saulo de Tarso. Mira, está orando, y ha visto en visión a un cierto Ananías que entra y le impone las manos para que recobre la vista».
Ananías contestó:
«Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus santos en Jerusalén, y que aquí tiene autorización de los sumos sacerdotes para llevarse presos a todos los que invocan tu nombre».
El Señor le dijo:
«Anda, ve; que ese hombre es un instrumento elegido por mí para llevar mi nombre a pueblos y reyes, y a los hijos de Israel. Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mi nombre».
Salió Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y dijo:
«Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció cuando venías por el camino, me ha enviado para que recobres la vista y seas lleno de Espíritu Santo».
Inmediatamente se le cayeron de los ojos una especie de escamas, y recobró la vista. Se levantó, y fue bautizado. Comió, y recobró las fuerzas.
Se quedó unos días con los discípulos de Damasco, y luego se puso a anunciar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.

Salmo

Sal 116, 1. 2 R/. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio

Alabad al Señor, todas las naciones,
aclamadlo, todos los pueblos. R/.

Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 52-59

En aquel tiempo, disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede este darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.
Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».
Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Soy Jesús, a quien tu persigues”

Dos, entre otras, son las cosas “chocantes” en el episodio de la conversión de Pablo. La primera, Jesús sale al encuentro de Pablo y le vence, más bien le convence de quién es Él y lo que ha venido a hacer en la tierra. Después de ese encuentro hay un nuevo Pablo. La vida de Pablo, como la nuestra, se divide en “antes y después” del encuentro con Jesús. Segunda, que Jesús se identifique con cualquier cristiano. Lo hecho a cualquier cristiano lo tiene como hecho a Él. “Soy Jesús, a quien tu persigues”. Es el preludio del Juicio Final. “Cuantas veces hicisteis eso a uno de mis hermanos menores a mí me lo hicisteis”.

  • “Habita en mí y yo en él”

Es posible que haya tres aspiraciones universales en toda persona: tener vida en esta vida terrena, tener buenos y fieles amigos, y alcanzar una felicidad total. Jesús viene a saciar estos tres grandes anhelos del alma humana. Nos regala vida: “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”. Nos regala su amistad y, si le dejamos, entra en nuestro corazón y se instala en él: “El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él”. Nos promete una vida de plena felicidad, donde el mal va a ser aniquilado para siempre, y  esto no para unos años sino para toda una eternidad: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna      y yo lo resucitaré en el último día”.

Hoy también la iglesia celebra la memoria de San José Obrero. José pertenecía a la clase humilde, a la clase obrera, diríamos hoy. José sustentaba a María y a Jesús a base de su trabajo. La iglesia, en honor de San José obrero, quiere exaltar el trabajo y a los trabajadores.