Vie
8
May
2009

Evangelio del día

Cuarta Semana de Pascua

Yo soy el camino, la verdad y la vida.

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 26-33

En aquellos días, cuando llegó Pablo a Antioquía de Pisidia, decía en la sinagoga:
«Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y todos vosotros los que teméis a Dios: a nosotros se nos ha enviado esta palabra de salvación. En efecto, los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús ni entendieron las palabras de los profetas que se leen los sábados, pero las cumplieron al condenarlo. Y, aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar. Y, cuando cumplieron todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del madero y lo enterraron. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció a los que habían subido con él de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. También nosotros os anunciamos la Buena Noticia de que la promesa que Dios hizo a nuestros padres, nos la ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo:
“Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy”».

Salmo

Sal 2, 6-7. 8-9. 10-11 y 12a R/. Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy

«Yo mismo he establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo».
Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo:
yo te he engendrado hoy. R/.

Pídemelo:
te daré en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza». R/.

Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-6

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino».
Tomás le dice:
«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».
Jesús le responde:
«Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí».

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Perdona y… ofrece su amistad a todos

Pablo, en la sinagoga de Antioquía, se dirige a sus hermanos judíos, descendientes de Abrahán, y sin olvidarse de un hecho negativo, les exhorta de manera bien positiva. El hecho negativo es que “los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no reconocieron a Jesús…aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar”. En medio de este injusto proceder, les anuncia un mensaje de salvación: Dios Padre resucitó a su Hijo Jesucristo, quien ofrece a todos el perdón, el amor y la amistad con Dios, es decir nuestra salvación y no nuestra condenación. Así es Jesús, jamás se guía por “el ojo por ojo e injusticia por injusticia”. Más bien, ofrece su amistad a todos.

  • “Yo soy el camino, la verdad y la vida”

Bien sabemos que uno de nuestros grandes peligros es no calar, no adentrarnos en las palabras de Jesús. Las oímos una y mil ves y… como quien oye llover. No nos mojan, ni nos empapan. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Las tres realidades van unidas. Nos señala el camino que hemos de seguir, porque ahí está la vedad que nos conduce a la vida. Jesús tiene como criterio indicarnos todo lo que conduce a la vida para que lo acojamos, y todo lo que lleva a la muerte, a la tristeza, al vacío, para que lo rechacemos. No es un tirano que manda y ordena porque sí. Si el odio nos llevase a la vida, Cristo nos mandaría odiar. Pero no lo hace, porque sabe que conduce no a la vida, sino a la amargura y al resentimiento. ¿Hemos experimentado las palabras que hoy nos dirige Jesús? ¿Hemos experimentado que si caminamos por otra senda que la que él nos indica, nos alejamos de nuestra felicidad, y empezamos a “pasar necesidad”, como el hijo pródigo? ¿Hemos experimentado que su camino, su verdad, llenan nuestro corazón de vida y vida en abundancia?