Mié
29
Abr
2026

Evangelio del día

Cuarta Semana de Pascua

Te alabo, Padre, porque revelaste estas cosas a los sencillos

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 1, 5 — 2, 2

Queridos hermanos:

Este es el mensaje que hemos oído de Jesucristo y que os anunciamos: Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él y vivimos en las tinieblas, mentimos y no obramos la verdad. Pero, si caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado.

Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Pero, si confesamos nuestros pecados, él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda injusticia. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros.

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero, si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Salmo de hoy

Salmo 102, 1b-2. 8-9. 13-14. 17-18a R/. Bendice, alma mía, al Señor

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo. R/.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R/.

La misericordia del Señor
dura desde siempre y por siempre,
para aquellos que lo temen;
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

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Reflexión del Evangelio de hoy

“Os escribo esto para que no pequéis”

En este fragmento de una carta del evangelista San Juan aparece el ideal de una vida afianzada en la luz y en el amor, y que excluye, en consecuencia, la oscuridad y el desamor: el ideal de una vida sin pecado. No debiera ser de otra manera, ya que Jesús nos liberó de la esclavitud del hombre viejo y nos ha injertado en su nueva humanidad.

Sin embargo, Juan es realista y no pierde de vista el peso de nuestros límites. Es lo que hace posible el pecado, aunque éste no sea una tacha sin remedio. Somos pecadores, pero no somos pecado. Hemos pecado, pero hemos sido redimidos. Dios no nos deja abatidos por nuestra culpa. Nos ha dado como defensor a su Hijo, Jesucristo, el único justo.

Para los cristianos, reconocer el pecado en nuestras vidas es una cuestión de autenticidad. La aceptación sincera de la brecha, tantas veces presente, entre lo que debemos ser y lo que somos. Un reconocimiento que compromete también la veracidad de Dios. Fingir que ya somos perfectos no es sólo instalarnos en el engaño, sino hacer a Dios cómplice de nuestras mentiras. Nunca habremos meditado bastante la parábola del fariseo y el publicano orando en el templo (Lc 18, 9-14). Dios, en su verdad, promueve nuestra verdad.

Vivir en la verdad es tanto reiterar nuestros ideales cuanto reconocer honestamente nuestros límites. No podemos vivir serena y permanentemente en la autoinculpación ni en la disculpa. Lo primero nos lleva a la angustia, lo segundo nos instala en la superficialidad. Solo saldremos de ese dilema cuando demos sitio en nuestra vida al Dios del perdón y de la compasión.

Quizá no haya mayor pecado que no reconocernos pecadores. Dios no mira para otro lado cuando pecamos, ni está “eternamente enojado” con nosotros. Nos mira a los humanos, tal como somos, siempre paciente y misericordioso. Y acepta una y otra vez la víctima de propiciación que es la entrega de su Hijo a su proyecto de reconciliación universal.

“Te alabo, Padre, porque revelaste estas cosas a los sencillos”

Jesús fue exquisitamente discreto sobre lo que acontecía en su oración. Sin embargo, de cuando en cuando, ora en voz alta, convirtiendo así su experiencia de Dios en educación de la fe de sus oyentes. Esta de hoy es una de esas ocasiones. Y les educa, y nos educa, en dos asuntos bien importantes: la revelación a los sencillos y el descanso necesario para vivir con dignidad.  

El Dios de Jesús no se revela en los más elevados conceptos de los sabios de este mundo. Está más cerca de aquel “sólo sé que no sé nada”, atribuido a Sócrates, que a la altivez de quienes se sentaban en la cátedra de Moisés.

En la práctica de su ministerio, Jesús se encontró con la resistencia de los escribas y fariseos a recibir su mensaje. Dos grupos que, a lo largo del tiempo, han representado a quienes erigen su saber, y en ocasiones su pretenciosa ignorancia, en el criterio supremo para establecer lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo, lo procedente y lo inaceptable. ¡Hay tanta realidad que sobrepasa a la ciencia!

Pero también se encontró Jesús con personas sencillas que abrían su corazón a los destellos de verdad que les llegaban de la vida, de los otros y del mismo Dios.

Jesús alaba al Padre porque derrama su sabiduría justamente en esas personas sencillas, no pagadas de sí mismas, que saben y saborean la vida con actitudes humanas y evangélicas: “calma, mansedumbre, suavidad, humildad, sencillez, inocencia, candidez, benevolencia, disponibilidad…” (Papa Francisco).

Por otro lado, Jesús se ofrece como referencia de descanso. No es un descanso descomprometido (¿tentación de parte de la religiosidad actual?) que ignore los conflictos que vivimos como personas y sociedades, las ansiedades que agitan al desarrollo que se nos va quedando viejo, o las incertidumbres que acompañan a las grietas humanas de un saber que nos había prometido toda suerte de venturas.

Es un descanso que abraza esas heridas de nuestro tiempo, desde la mansedumbre y la humildad de corazón. Dos profundas actitudes que llevan a Jesús a compartir los agobios de sus contemporáneos. Que nos llevan a compartir hoy los agobios de nuestros contemporáneos.

El evangelio nos orienta en los meandros de la vida, nos ayuda a situarnos en las circunstancias de nuestro tiempo, nos impulsa a servir a quienes nos rodean, y a confiar en un Dios al que sabemos siempre de nuestro lado.

 

¿Cómo logras equilibrar el deseo de vivir en el amor con la experiencia del pecado? ¿Qué quiere decir en tu vida que Dios revela sus proyectos a los pequeños? ¿Tienes experiencia de que la confianza en Jesús y su evangelio, te ayudan a descansar de los agobios de la vida?

29 de abril. Santa Catalina de Siena, virgen y doctora de la Iglesia, patrona de Europa

Europa celebra hoy a su patrona, Catalina de Siena. Laica dominica, cuya existencia transcurrió entre 1347 y 1380, cuando la peste y las hambrunas no hacían fácil vivir, cuando el Cisma de Occidente no hacía fácil creer, y cuando todo era socialmente difícil para una mujer que decidió no casarse y no hacerse religiosa. Iletrada durante buena parte de su vida, pero guiada por una sabiduría superior, desarrolló un espíritu contemplativo, cultivó el trato y el cuidado de sus seguidores, compartió el carisma dominicano y, transitando desde su “celda interior” al complicado panorama de su tiempo, se comprometió con causas políticas y religiosas de relieve, al servicio de la unidad de la Iglesia.

Fray Fernando Vela López O.P.

Fray Fernando Vela López O.P.
Convento de la Virgen del Camino (León)

Soy sacerdote dominico nacido en Madrid, España. Cuando terminé los estudios de lo que entonces se llamaba Maestro de Enseñanza Primaria ingresé en la Orden, siguiendo en ella la formación filosófica y teológica. Más tarde me licencié en Estudios Eclesíasticos y logré el doctorado en Filosofía, preocupado fundamentalmente por la problemática de la persona en el pensamiento actual. Ordenado sacerdote, he ejercido el ministerio en la educación y en la docencia en las enseñanzas medias y universitarias, en Perú y Cuba, en la formación online en las plataformas digitales de los Dominicos y en diversas publicaciones. He sido formador de los frailes jóvenes. He trabajado en Misioneros Dominicos-Selvas Amazónicas, conociendo sobre el terreno los puestos de misión. En cuanto ha sido posible, he participado también en la predicación homilética y de ejercicios espirituales, retiros y conferencias a jóvenes y mayores, religiosos y laicos.

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