Mié
24
Feb
2010

Evangelio del día

Primera semana de Cuaresma

A esta generación no se le dará más signo que el de Jonás.

Primera lectura

Lectura de la profecía de Jonás 3,1-10:

Vino la palabra del Señor sobre Jonás: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.»
Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!»
Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños.
Llegó el mensaje al rey de Nínive; se levantó del trono, dejó el manto, se cubrió de saco, se sentó en el polvo y mandó al heraldo a proclamar en su nombre a Nínive: «Hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban; vístanse de saco hombres y animales; invoquen fervientemente a Dios, que se convierta cada cual de su mala vida y de la violencia de sus manos; quizá se arrepienta, se compadezca Dios, quizá cese el incendio de su ira, y no pereceremos.»
Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó.

Salmo

Sal 50,3-4.12-13.18-19 R/. Un corazón quebrantado y humillado, tú, Dios mío, no lo desprecias

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,29-32

En aquel tiempo, la gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Dentro de cuarenta días… Nínive será destruida”

En lenguaje bíblico, esto significa urgencia. Dentro de mes y medio será demasiado tarde. El Reino de Dios está cerca. Hay que convertirse y empezar haciendo penitencia. Así lo entendieron los ninivitas, pero ¿cómo y por qué? El Santo Padre, siendo todavía cardenal, esgrimió unas razones plausibles: “La conversión de los ninivitas me parece un hecho sorprendente. ¿Cómo llegaron a creer? Y ésta es la única respuesta que encuentro: al escuchar la predicación de Jonás, se vieron obligados a reconocer que al menos la parte manifiesta de aquel anuncio era sencillamente verdadera: la perversión de la ciudad era grave. Y así alcanzaron a entender que también la otra parte era verdadera: la perversión destruye una ciudad. En consecuencia, comprendieron que la conversión era la única vía posible para salvar la ciudad. La verdad manifiesta venía a confirmar la autenticidad del anuncio, pero el reconocimiento de esa verdad exigía la actitud sincera de los oyentes”.   

  • “Esta generación pide un signo”

“Generación”, en este caso, alude a un momento de la historia del pueblo de Israel. Pues bien, en aquel momento, los judíos piden a Jesús un signo, una señal, algo espectacular que demuestre sin lugar a dudas que él es verdaderamente el Mesías. Jesús ya había oído esta misma petición en el desierto, y ni entonces ni ahora va a responder según las expectativas de sus interlocutores.

En este sentido, todos, nosotros incluidos, somos un poco o un bastante judíos. Todos queremos, pedimos y buscamos signos, certezas y seguridades. Tanto a nivel personal como a nivel más general todos andamos tras demostraciones y pruebas de la veracidad de aquello que creemos y practicamos. Sin darnos cuenta de que el Reino de Dios supone y exige la superación de la dimensión de la certeza física para adentrarnos en la dimensión espiritual, donde la confianza en Dios y el fiarnos absolutamente de él lo acaparan y monopolizan todo.  

  •   “El Hijo del hombre será un signo como lo fue Jonás”

De entrada, el “signo de Jonás” no se refiere, en este caso, a la resurrección de Jesús al tercer día, igual que Jonás había estado en el vientre del pez durante tres días. Se refiere a que Jonás fue un signo en sí mismo, sin necesidad de milagro alguno, sólo con la palabra de Dios, y en tierra de paganos, pero los ninivitas creyeron en él. Y Jesús, es mucho más que Jonás, e hizo milagros y habló con autoridad de su Padre Dios. Y los judíos no le creyeron, pedían más signos.

Jesús quería que le creyeran a él. Y esta fe solía preceder a sus milagros. El auténtico signo es Jesús, su persona. “El que me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn 14,8). El Padre se ha hecho visible en el Hijo. Ver a Jesús es el signo. Pero, verlo, reconociéndolo como Hijo, como Mesías, como Dios.