Lun
22
Feb
2010

Evangelio del día

Primera semana de Cuaresma

Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos

Primera lectura

Primera Lectura: I Pedro 5,1-4

Queridos hermanos: A los presbíteros en esa comunidad, yo, presbítero como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse, os exhorto: Sed pastores del rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo, gobernándolo no a la fuerza, sino de buena gana, como Dios quiere; no por sórdida ganancia, sino con generosidad; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño. Y cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

Salmo

Sal 22,1-3.4.5.6 R/. El Señor es mi pastor, nada me falta

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara, mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R/.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R/.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R/.

Tu bondad y tu misericordia
me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 16,13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Quizás la primera representación que se hizo de Jesús, fue la del Buen Pastor. La encontramos en las catacumbas. Quien continuara su obra de gobernar a la comunidad no podía ser otra cosa que un buen pastor, con las condiciones que Jesús  exige a ese buen pastor: conocer a las ovejas, dejarse conocer por él, conducirlas a buenos pastos, sobre todo quererlas hasta dar su vida por ellas… Es un ministerio exigente de verdad.  Pedro así lo entendió. La carta que se le asigna, que leemos en la primera lectura, exige a los responsables de las comunidades que se ajusten a ese modelo de pastor. El texto evangélico ofrece otra cara de su ministerio, el del poder. Poder de atar y desatar. Poder que le es entregado gracias a su fe en Jesús como Hijo de Dios.  La iglesia se construye sobre la fe que Pedro profesa en la relevancia mesiánica de Jesús, en su filiación divina. En esa profesión de fe tiene origen el poder de Pedro.  Un ministerio, pues, que conjuga amor a los fieles, darse a conocer por ellos como buen pastor, poder para establecer las pautas del seguidor de Cristo, poder para liberarles de lo que les ate e impida ser como deben ser.  Todo ello se recuerda en esta fiesta que lleva el nombre de “Catedra”. Es decir, del lugar desde donde se preside la celebración, desde donde se proclama la Palabra de Dios, desde donde ésta se aplica a las necesidades concretas de fieles concretos en un tiempo concreto.  Nada de esto sería “cristiano”, si no estuviera realizado desde las exigencias de quien es buen pastor.