Mié
3
Mar
2010

Evangelio del día

Segunda semana de Cuaresma

El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor .

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 18,18-20:

“Dijeron: ‘Venid, maquinemos contra Jeremías, porque no falta la ley del sacerdote, ni el consejo del sabio, ni el oráculo del profeta; venid, lo heriremos con su propia lengua y no haremos caso de sus oráculos’. Señor, hazme caso, oye cómo me acusan. ¿Es que se paga el bien con mal, que han cavado una fosa para mí? Acuérdate de cómo estuve en tu presencia, intercediendo en su favor, para apartar de ellos tu enojo”

Salmo

Sal 30,5-6.14.15-16 R/. Sálvame, Señor, por tu misericordia

Sácarne de la red que me han tendido,
porque tú eres mi amparo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás, R/.

Oigo el cuchicheo de la gente,
y todo me da miedo;
se conjuran contra mí
y traman quitarme la vida. R/.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares:
líbrame de los enemigos que me persiguen. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20,17-28

En aquel tiempo, mientras iba subiendo Jesús a Jerusalén, tomando aparte a los Doce, les dijo por el camino: «Mirad, estamos subiendo a Jerusalén, y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará.»
Entonces se le acercó la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó: «¿Qué deseas?»
Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»
Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?»
Contestaron: «Lo somos.»
Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Subida a Jerusalén

San Mateo nos presenta a Jesús subiendo a Jerusalén como marco de referencia para la clase particular que, una vez más, quiere dar a sus discípulos. El tema, intentar que cambien de mentalidad sobre el mesianismo de Jesús. No es lo que ellos piensan, no habrá victorias sobre sus opresores. Jesús les habla con claridad meridiana de su próxima muerte. Y no omite detalle alguno, por más doloroso y espeluznante que sea. Jesús quiere que estén preparados para aquel momento, por eso les habla también de su resurrección.

Pero ellos no entendían. Como si aquello no fuera con ellos. Todo lo que ellos habían aprendido sobre el Mesías iba por otros derroteros bastante más gratificantes que los presentados por Jesús. 

  •   Los importantes

De tal forma no le entienden que, en aquel mismo momento en el que Jesús les estaba hablando de lo más serio sobre su vida y su muerte, cuando les estaba dando la lección, “se le acercó –dice san Mateo- la madre de los Zebedeos, Salomé, con sus hijos, Santiago y Juan, y le hizo una petición…” Ya conocemos la petición. ¡Ellos a lo suyo! Por si acaso, convenía tomar posiciones y estar bien colocados. Mal la petición, pero no fue mucho mejor la reacción rápida del resto de discípulos. Allí –y aquí y en todas partes- nadie quiere sentirse desplazado o en los últimos puestos. Jesús les dijo: “No será así entre vosotros”. Está bien que aspiréis a ser grandes y primeros, pero “no así”, sino con criterios evangélicos.

  •     Los primeros

Esta es la segunda lección. “Beberéis el cáliz”, seréis grandes, tendréis puestos, aunque no necesariamente los que pedís. Pero lo importante es el cómo, el modo de conseguirlo. En cristiano no hay más que un camino para ser grande, para ser primero, según el estilo de Jesús: saber vivir en el servicio desinteresado a los demás. “Haced vosotros los mismo”, les dirá más tarde después de lavarles los pies. En cristiano no sirve “estar a la derecha del jefe”, dominar y oprimir a los que son menos, a los débiles. Todo lo contrario: Servir amando y amar sirviendo.