Jue
4
Mar
2010

Evangelio del día

Segunda semana de Cuaresma

Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males.

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 17,5-10:

Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor! El es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita. ¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza! El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto. Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo? Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino las entrañas, para dar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus acciones.

Salmo

Sal 1,1-2.3.4.6 R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 16,19-31

Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas. El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado. En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Entonces exclamó: 'Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan'. 'Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí'. El rico contestó: 'Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento'. Abraham respondió: 'Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen'. 'No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán'. Pero Abraham respondió: 'Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán'".

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Bendito quien confía en el Señor y pone en él su confianza”

La lectura de hoy, retoma los conceptos de Vida-Muerte, Bendición-Maldición que leíamos el jueves de ceniza del libro del Deuteronomio.
    Esta antinomia, recogida hoy por Jeremías refuerza su enseñanza con dos símiles, a las dos actitudes de vida y muerte, corresponden  dos suertes: el fracaso o el éxito. El profeta, que habla a gente  relacionada con la naturaleza, le habla en términos vegetales, por eso describe:
- al hombre  que se aparta de Dios   como un cardo en la tierra abrupta del desierto, que no da ningún fruto.
-al hombre  que confía en el Señor, como árbol plantado junto al agua que no deja de dar fruto.
    Dios nos da la gracia, pero somos nosotros los que, libremente elegimos el camino.
Dios nos conoce,   y lo juzga según nuestra elección; o estamos con Él o estamos contra Él, las consecuencias serán bendición o maldición.

¿Dónde nos encontramos?, ¿Qué elegimos?
 

  • “Recibiste bienes y Lázaro males”

Mientras vivimos, tenemos un tiempo de libre opción , Dios respeta nuestra libertad, pero llegará el momento en que, recibiremos la paga de acuerdo a lo que hayamos sembrado.

La parábola del rico epulón y el pobre Lázaro nos recuerda esta situación:

El rico, no tiene nombre,” es el hombre rico” son sus riquezas las que le dan nombre, en ellas tiene puesto su corazón. El pobre, se llama Lázaro= Dios ayuda.

El rico goza con sus tesoros, se banquetea, lo pasa bien, pero la vida se acaba, sus riquezas no irán con él, al otro lado también hay banquete, pero distinto, él no está invitado. El pobre, Lázaro, goza de ese banquete, es invitado por Dios.

    ¿Por cual de estos  caminos optamos? ¿Dónde está nuestro corazón?: ¿en Dios o en las riquezas?

Dios nos invita a todos al banquete del Reino para poder entrar debemos compartir, lo mucho o   poco que tenemos con los que  lo necesitan. El ejemplo lo tenemos en Cristo que “Siendo rico se hizo pobre para enriquecernos a todos”.