Vie
22
Ene
2010
En aquel tiempo, Jesús subió a la montaña, llamó a los que quiso, y se fueron con él.

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel 24, 3-21

En aquellos días, Saúl tomó tres mil hombres escogidos de todo Israel y marchó en busca de David y su gente frente a Sure Hayelín.
Llegó a un corral de ovejas, junto al camino, donde había una cueva. Saúl entró a hacer sus necesidades, mientras David y sus hombres se encontraban al fondo de la cueva.
Los hombres de David le dijeron:
«Este es el día del que te dijo el Señor: “Yo entregaré a tus enemigos en tu mano”. Haz con él lo que te parezca mejor».
David se levantó y cortó, sin ser visto, la orla del manto de Saúl. Después de ello, sintió pesar por haber cortado la orla del manto de Saúl. Y dijo a sus hombres:
«El Señor me libre de obrar así contra mi amo, el ungido del Señor, alargando mi mano contra él; pues es el ungido del Señor».
David disuadió a sus hombres con esas palabras y no les dejó alzarse contra Saúl. Este salió de la cueva y siguió su camino.
A continuación, David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl:
«¡Oh, rey, mi señor!»
Saúl miró hacia atrás. David se inclinó rostro a tierra y se postró.
Y dijo a Saúl:
«¿Por qué haces caso a las palabras que dice la gente: “David busca tu desgracia”? Tus ojos han visto hoy mismo en la cueva que el Señor te ha entregado en mi mano. Han hablado de matarte, pero te he perdonado, diciéndome: “No alargaré mi mano contra mi amo, pues es el ungido del Señor”. Padre mío, mira por un momento, la orla de tu manto en mi mano. Si la he cortado y no te he matado, comprenderás bien que no hay en mí ni maldad ni culpa y que no te he ofendido. Tú, en cambio, estás buscando mi vida para arrebatármela. Que el Señor juzgue entre los dos y me haga justicia. Pero mi mano no estará contra ti. Como dice el antiguo proverbio: “De los malos sale la maldad”. Pero en mí no hay maldad. ¿A quién ha salido a buscar el rey de Israel? ¿A quién persigues? A un perro muerto, a una simple pulga. El Señor sea juez y juzgue entre nosotros. Juzgará, defenderá mi causa y me hará justicia, librándome de tu mano».
Cuando David acabó de dirigir estas palabras a Saúl, este dijo:
«¿Es esta tu voz, David, hijo mío?».
Saúl levantó la voz llorando. Y siguió diciendo:
«Eres mejor que yo, pues tú me tratas bien, mientras que yo te trato mal. Hoy has puesto de manifiesto tu bondad para conmigo, pues el Señor me había puesto en tus manos y tú no me has matado. ¿Si uno encuentra a su enemigo, le deja seguir por las buenas el camino? Que el Señor te recompense el favor que hoy me has hecho. Ahora sé que has de reinar y que en tu mano se consolidará la realeza de Israel».

Salmo

Sal 56, 2. 3-4. 6 y 11 R/. Misericordia, Dios mío, misericordia

Misericordia, Dios mío, misericordia,
que mi alma se refugia en ti;
me refugio a la sombra de tus alas
mientras pasa la calamidad. R/.

Invoco al Dios altísimo,
al Dios que hace tanto por mi.
Desde el cielo me enviará la salvación,
confundirá a los que ansían matarme,
enviará Dios su gracia y su lealtad. R/.

Elévate sobre el cielo, Dios mio,
y llene la tierra tu gloria.
Por tu bondad, que es más grande que los cielos;
por tu fidelidad, que alcanza a las nubes. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 13-19

En aquel tiempo, Jesús, mientras subía al monte, llamó a los que quiso, y se fueron con él.
E instituyó a doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios.
Simón, a quien puso el nombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná y Judas Iscariote, el que lo entregó.

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “¡Dios me libre de hacer eso a mi señor, el ungido del Señor!”.

Después de leer este pasaje, queda reflejado algo que sabemos por experiencia personal y ajena: que la historia sagrada es también historia humana y, a veces, demasiado humana, con sus luces y sus sombras. Hoy aparecen, en primer lugar, las sombras a cargo de Saúl, que quiere matar a David sin motivo y que se ha dejado llevar por lo que decía la gente, de manera falaz, de que David buscaba su ruina.

Aparecen también las luces, a cargo de David que, aunque se le presenta la oportunidad, no quiere matar al ungido del Señor. También luce el corazón arrepentido de Saúl, que reconoce su falta y exalta a David.  

  • “A doce los hizo sus compañeros”

Sigue la historia sagrada y humana. Jesús, el Hijo de Dios y del hombre, elige a doce a los que “hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios”. Conocemos las andanzas de los doce. Sus luces y sus sombras. Uno le traicionó, otro le negó en su pasión, dos querían los primeros puestos, todos, menos uno, le abandonaron en el momento de su muerte… Pero todos, menos uno, entregaron su vida por él y su evangelio.
Donde hay hombres hay luces y sombras. También en los doce apóstoles. También en la iglesia. Lo importante es que retornemos una y mil veces a nuestro Dios y Señor, que nos volverá a preguntar: “Pedro, ¿me amas?”. 

Celebramos hoy la fiesta del mártir San Vicente (+ 304), que siendo diácono de Zaragoza fue martirizado en Valencia, en la época de las últimas persecuciones de los emperadores romanos Maximiano y Diocleciano, a través, en España, del prefecto Daciano, al que Vicente se enfrentó con decisión: “No creemos en vuestros dioses. Sólo existe Cristo y el Padre, que son un solo Dios. Nosotros somos siervos suyos y testigos de esa verdad. Arráncame, si puedes, esta fe”.