Mié
27
Ene
2010
A vosotros se os han comunicado los secretos del Reino de Dios; a los de fuera todo se les presenta en parábolas

Primera lectura

Lectura del segundo libro de Samuel 7,4-17

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: «Ve y dile a mi siervo David: "Así dice el Señor: ¿Eres tú quien me va a construir una casa para que habite en ella? Desde el día en que saqué a los israelitas de Egipto hasta hoy, no he habitado en una casa, sino que he viajado de acá para allá en una tienda que me servía de santuario. Y, en todo el tiempo que viajé de acá para allá con los israelitas, ¿encargué acaso a algún juez de Israel, a los que mandé pastorear a mi pueblo Israel, que me construyese una casa de cedro?" Pues bien, di esto a mi siervo David: "Así dice el Señor de los ejércitos: Yo te saqué de los apriscos, de andar tras las ovejas, para que fueras jefe de mi pueblo Israel. Yo estaré contigo en todas tus empresas, acabaré con tus enemigos, te haré famoso como a los más famosos de la tierra. Daré un puesto a Israel, mi pueblo: lo plantaré para que viva en él sin sobresaltos, y en adelante no permitiré que los malvados lo aflijan como antes, cuando nombré jueces para gobernar a mi pueblo Israel. Te pondré en paz con todos tus enemigos, y, además, el Señor te comunica que te dará una dinastía. Y, cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo; si se tuerce, lo corregiré con varas y golpes como suelen los hombres, pero no le retiraré mi lealtad como se la retiré a Saúl, al que aparté de mi presencia. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre."» Natán comunicó a David toda la visión y todas estas palabras.

Salmo

Sal 88,4-5.27-28.29-30 R/. Le mantendré eternamente mi favor

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.» R/.

«Él me invocará: "Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora";
y yo lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra.» R/.

«Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una prosperidad perpetua
y un trono duradero como el cielo.» R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4,1-20

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago. Acudió un gentío tan enorme que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y el gentío se quedó en la orilla.
Les enseñó mucho rato con parábolas, como él solía enseñar: «Escuchad: Salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otro poco cayó entre zarzas; las zarzas crecieron, lo ahogaron, y no dio grano. El resto cayó en tierra buena: nació, creció y dio grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno.»
Y añadió: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.
Él les dijo: «A vosotros se os han comunicado los secretos del reino de Dios; en cambio, a los de fuera todo se les presenta en parábolas, para que, por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan y los perdonen."»
Y añadió: «¿No entendéis esta parábola? ¿Pues, cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra. Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero, en cuanto la escuchan, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la simiente como terreno pedregoso; al escucharla, la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y, cuando viene una dificultad o persecución por la palabra, en seguida sucumben. Hay otros que reciben la simiente entre zarzas; éstos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la simiente en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento por uno.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Tres son los puntos en torno a los cuales gira hoy la enseñanza de Jesús: el sembrador, la semilla y el terreno.

  • Sembrador

El perfil del sembrador llama la atención hoy y es probable que, de entrada, llamara la atención cuando oyeron la parábola. Seguro que tuvo que ser una reacción buscada y querida por Jesús para que, quedando un tanto descolocados, les fuera más fácil entrar en un nivel distinto. Porque, ¿qué sembrador es éste que, antes, no tiene en cuenta cómo está el terreno para, si tiene piedras o maleza, prepararlo para la siembra? Pero Jesús busca que, a través de la parábola, capten su enseñanza sobre el Reino.

El sembrador, según la explicación de Jesús, es Dios, bien directamente o sirviéndose de las causas segundas. Y sabe perfectamente que, por mil causas, los terrenos no van a producir lo que el sembrador espera. Pero simula no tenerlo en cuenta de momento para que prevalezca la idea de que el Reino de Dios es para todos, y, en lo que a él respecta, todos han tenido igualdad de oportunidades. Lo suyo es sembrar como lo del profesor enseñar. La cosecha, como la “selectividad”, vendrá después. 

  • Semilla 

La semilla, siempre según Jesús, es la Palabra. La Palabra, entregada y pronunciada con palabras minúsculas, humanas, pero, en definitiva, Verbo, Palabra. Acoger la Palabra es acoger a Dios. Esto es lo que hizo Jesús a lo largo de toda su vida para, luego, acogernos a nosotros. Su vida, su ser Palabra, es el mejor ejemplo del amor acogedor de Dios.
Una vez más, el modelo sigue siendo una mujer sencilla, pobre, sólo sierva del Señor, que de tal forma y con tal fuerza acogió la Palabra que ésta no sólo la habitó sino se quedó para siempre entre nosotros. Desde entonces ya todo va depender de lo que nosotros hagamos con la Palabra y de las palabras que nosotros digamos y sembremos. 

  • Terreno

El terreno –los terrenos- es –son- importantes nada más. Fundamental, la semilla y el sembrador. El Reino de Dios es un don, la semilla ya está creciendo. El sembrador, como el labrador, sólo aguarda los resultados.

El terreno somos nosotros. Nosotros que recibimos la misma semilla y sólo nos distinguimos por las distintas actitudes que mostramos ante ella y, por ella, ante el Sembrador. El posible problema en la implantación de la Palabra no radica en la semilla ni en el Sembrador, sino en la acogida que dispensamos a la simiente, que es el “distinto terreno” donde haya podido caer la semilla.

Sólo limpiando nuestro corazón de “piedras, zarzas y pájaros” y acogiendo la Palabra, podremos ser acogedores. Y sólo siendo acogedores, seremos hoy sembradores y trasmisores de la Buena Noticia del Evangelio.