Mar
19
Ene
2010
El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel 16,1-13

En aquellos dias, el Señor dijo a Samuel: «¿Hasta cuándo vas a estar lamentándote por Saúl, si yo lo he rechazado como rey de Israel? Llena la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre sus hijos me he elegido un rey.»
Samuel contestó: «¿Cómo voy a ir? Si se entera Saúl, me mata.»
El Señor le dijo: «Llevas una novilla y dices que vas a hacer un sacrificio al Señor. Convidas a Jesé al sacrificio, y yo te indicaré lo que tienes que hacer; me ungirás al que yo te diga.»
Samuel hizo lo que le mandó el Señor. Cuando llegó a Belén, los ancianos del pueblo fueron ansiosos a su encuentro: «¿Vienes en son de paz?»
Respondió: «Sí, vengo a hacer un sacrificio al Señor. Purificaos y venid conmigo al sacrificio.»
Purificó a Jesé y a sus hijos y los convidó al sacrificio. Cuando llegó, vio a Eliab y pensó: «Seguro, el Señor tiene delante a su ungido.»
Pero el Señor le dijo: «No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo. Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el corazón.»
Jesé llamó a Abinadab y lo hizo pasar ante Samuel; y Samuel le dijo: «Tampoco a éste lo ha elegido el Señor.»
Jesé hizo pasar a Samá; y Samuel le dijo: «Tampoco a éste lo ha elegido el Señor.»
Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le dijo: «Tampoco a éstos los ha elegido el Señor.»
Luego preguntó a Jesé: «¿Se acabaron los muchachos?»
Jesé respondió: «Queda el pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas.»
Samuel dijo: «Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue.»
Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y buen tipo.
Entonces el Señor dijo a Samuel: «Anda, úngelo, porque es éste.»
Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. En aquel momento, invadió a David el espiritu del Señor, y estuvo con él en adelante. Samuel emprendió la vuelta a Ramá.

Salmo

Sal 88,20.21-22.27-28 R/. Encontré a David, mi siervo

Un dia hablaste en visión a tus amigos:
«He ceñido la corona a un héroe,
he levantado a un soldado sobre el pueblo.» R/.

«Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso.» R/.

«Él me invocará: "Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora";
y yo lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra.» R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2,23-28

Un sábado atravesaba el Señor un sembrado; mientras andaban, los discípulos iban arrancando espigas. Los fariseos le dijeron: "Oye, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?" El les respondió: "¿No habéis leído nunca lo que hizo David cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre? Entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a sus compañeros". Y añadió: "El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado".

Reflexión del Evangelio de hoy

“El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado"

  Parece ser que el rey David, como fiel antepasado de Jesucristo, era también señor del sábado y por eso no tuvo reparo en comer los panes que presentaban los sacerdotes,  actuando con toda libertad ante una necesidad vital.

Esto lo hizo porque el Espíritu del Señor estaba con Él, como acabamos de leer en la primera lectura, desde que Samuel le ungió como rey.

El Señor no mira la apariencia, mira el corazón.  A veces vivimos esclavos de querer aparentar lo que no somos y nos cuesta comprender el comportamiento de otras personas más libres e incluso nos cuesta actuar con libertad ante nuestras propias necesidades.

Jesús nos da de nuevo una lección sobre el sentido y el uso de la ley, colocándola al servicio del ser humano: "El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado”; Jesús nos invita a valorarnos y a valorar a los demás de tal forma que agrademos a Dios por nuestra capacidad de actuar con libertad y de amar a las personas en sus múltiples carencias y necesidades.

Muchas veces nos aferramos a tradiciones, a ciertas normas y costumbres que nos impiden ser conscientes de  la dignidad humana. ¿Nos importan mas las leyes que las personas?; ¿exigimos el cumplimiento de la norma antes que el bien de los hermanos que sufren?.

Finalmente Jesús nos está diciendo que celebremos el día del Señor como día de fiesta y día de descanso, pero con signos de misericordia para con los demás; signos de cercanía, de acogida, de ofrecer el don de Dios en la alegría y el amor.