Lun
18
Ene
2010
A vino nuevo, odres nuevos

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel 15, 16-23

En aquellos días, Samuel dijo a Saúl:
«Voy a comunicarte lo que me ha manifestado el Señor esta noche».
Saúl contestó:
«Habla».
Samuel siguió diciendo:
«¿No es cierto que siendo pequeño a tus ojos eres el jefe de las doce tribus de Israel? El Señor te ha ungido como rey de Israel. El Señor te envió con esta orden: “Ve y entrega al anatema a esos malvados amalecitas y combátelos hasta aniquilarlos”. ¿Por qué no has escuchado la orden del Señor, lanzándote sobre el botín, y has obrado mal a sus ojos?».
Saúl replicó:
«Yo he cumplido la orden del Señor y he hecho la campaña a la que me envió. Traje a Agag, rey de Amalec, y entregué al anatema a Amalec. El pueblo tomó del botín ovejas y vacas, lo más selecto del anatema, para ofrecérselo en sacrificio al Señor, tu Dios, en Guilgal».
Samuel exclamó:
«¿Le complacen al Señor los sacrificios y holocaustos tanto como obedecer su voz?
La obediencia vale más que el sacrificio, y la docilidad, más que la grasa de carneros.
Pues pecado de adivinación es la rebeldía y la obstinación, mentira de los terafim.
Por haber rechazado la palabra del Señor, te ha rechazado como rey».

Salmo

Salmo 49, 8-9. 16bc-17. 21 y 23: R/. Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios

No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mi.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños. R/.

¿Por qué recitas mis preceptos
y tienes siempre en la boca mi alianza,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos? R/.

Esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.
El que me ofrece acción de gracias,
ése me honra;
al que sigue buen camino
le haré ver la salvación de Dios». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 18-22

En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús:
«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?».
Jesús les contesta:
«¿Es que pueden ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos? Mientras el novio está con ellos, no pueden ayunar.
Llegarán días en que les arrebatarán al novio, y entonces ayunarán en aquel día.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto -lo nuevo de lo viejo- y deja un roto peor.
Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos».

Reflexión del Evangelio de hoy

Nadie echa vino nuevo en odres viejos

Saúl venía ser la expresión de lo viejo: la victoria y el despojo y el exterminio de los enemigos, y ofrecer sacrificios con esos despojos a Dios. Mientras que lo nuevo es obedecer al plan de Dios, “seguir el buen camino para ver la salvación de Dios”, como repite el salmo responsorial. Los fariseos y su visión de la religión, legalista y opresora era lo “viejo”. El ayuno, como expresión de una vida sin alegría, sin razones gozosas para vivir. Como sucederá con David, el sucesor de Saúl, Jesús trae la novedad de  una vida fundada en la gracia de su presencia y de su Palabra. Antes la Ley –no las prolijas leyes de los fariseos- era la expresión de la Alianza con Yahvé. Ahora la alianza con Dios se ha hecho carne y presencia en Jesús. No anula la Ley –sí no pocas leyes-, pero le da plenitud sentido: la aproximación que la Ley permitía a Dios, ahora se realiza en la acogida a Jesús y su Evangelio.

Nosotros vemos en Jesús, el proyecto de hombre que tiene Dios, el estilo de vida auténticamente humano. Para ello el mismo Dios se manifestó en él. ¿Qué más podemos pedir para encontrar razón y alegría a nuestro existir? ¿Cómo no vamos a degustar ese vino nuevo de la alegría? No encorsetemos la propuesta vital de Jesús y su evangelio en estructuras que la limitan, y a veces la esconden.