Vie
29
Ene
2010
La semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo.

Primera lectura

Lectura del segundo libro de Samuel 11,1-4a. 5-10a.13-17

“Al año siguiente, en la época en que los reyes van a la guerra, David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel, a devastar la región de los amonitas y sitiar a Rabá. David, mientras tanto, se quedó en Jerusalén; y un día, a eso del atardecer, se levantó de la cama y se puso a pasear por la azotea del palacio, y desde la azotea vio a una mujer bañándose, una mujer muy bella. David mandó a preguntar por la mujer, y le dijeron: Es Betsabé, hija de Alián, esposa de Urías, el hitita. David mandó a unos para que se la trajesen. Después Betsabé volvió a su casa, quedó encinta y mandó este aviso a David: Estoy encinta. Entonces David mandó esta orden a Joab: Mándame a Urías, el hitita. Joab se lo mandó. Cuando llegó Urías, David le preguntó por Joab, el ejército y la guerra. Luego le dijo: Anda a casa a lavarte los pies. Urías salió del palacio, y detrás de él le llevaron un regalo del rey. Pero Urías durmió a la puerta del palacio, con los guardias de su señor; no fue a su casa.
Avisaron a David que Urías no había ido a su casa. Al día siguiente, David lo convidó a un banquete y lo emborrachó. Al atardecer, Urías salió para acostarse con los guardias de su señor, y no fue a su casa. A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la mandó por medio de Urías. El texto de la carta era: Pon a Urías en primera línea, donde sea más recia la lucha, y retiraos dejándolo solo, para que lo hieran y muera. Joab, que tenía cercada la ciudad, puso a Urías donde sabía que estaban los defensores más aguerridos. Los de la ciudad hicieron una salida, trabaron combate con Joab y hubo bajas en el ejército entre los oficiales de David; murió también Urías, el hitita”.

Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.6bc-7.10-11 R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre. R/.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4,26-34

“En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo la cosecha ella sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.
Dijo también: ¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas. Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado”.

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Pon a Urías en primera línea… para que lo hieran y muera.”

Volvemos a las luces y sombras de la historia sagrada. Hoy prevalecen las sombras. David, el que no había querido matar al rey Saúl, que le perseguía injustamente, ahora, siendo rey, después de abusar de su situación privilegiada tomando a la mujer de Urías, mata a éste para que no se descubra su pecado. Las luces vendrán con el arrepentimiento de David: “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado”. Y sabe que Dios le va a escuchar porque “un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias”.

  • “La semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo”

Nos encontramos ante la armonía del papel de Dios y nuestro papel a la hora de seguir a nuestro Maestro y Señor, Cristo Jesús. Las parábolas del evangelio de hoy insisten en el papel de Dios. Es él el que da el crecimiento, el que hace que la semilla del Reino de Dios vaya germinando después de que el sembrador haya echado la semiente en la tierra. Los cristianos tenemos nuestra tarea: sembrar, abonar, cuidar la tierra sembrada… tenemos  que acoger a Cristo, cultivar la amistad con Él, seguir sus indicaciones, predicar y ser testigos de su evangelio. Pero también hemos de saber que hay un tiempo para dormir, descansar, porque la semilla va a crecer sin que nosotros sepamos cómo. Dios también tiene su tarea. Además de la colaboración de los hermanos, lo nuestro siempre es cosa de dos…