Lun
21
Dic
2009

Evangelio del día

Cuarta semana de Adviento

¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!.

Primera lectura

Lectura del libro del Cantar de los Cantares 2, 8-14:

¡La voz de mi amado!
Vedlo, aquí llega,
saltando por los montes,
brincando por las colinas.
Es mi amado un gamo,
parece un cervatillo.
Vedlo parado tras la cerca,
mirando por la ventana,
atisbando por la celosía.
Habla mi amado y me dice:
«Levántate, amada mía,
hermosa mía y ven.
Mira, el invierno ya ha pasado,
las lluvias cesaron, se han ido.
Brotan las flores en el campo,
llega la estación de la poda,
el arrullo de la tórtola
se oye en nuestra tierra.
En la higuera despuntan las yemas,
las viñas en flor exhalan su perfume.
Levántate, amada mía,
hermosa mía, y vente.
Paloma mía, en las oquedades de la roca,
en el escondrijo escarpado,
déjame ver tu figura,
déjame escuchar tu voz:
es muy dulce tu voz
y fascinante tu figura».

Salmo

Sal 32, 2-3. 11-12. 20-21 R/. Aclamad, justos, al Señor, cantadle un cántico nuevo

Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando los vítores con bordones. R/.

El plan del Señor subsiste por siempre;
los proyectos de su corazón, de edad en edad.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 39-45

En aquellos días, María se levantó y puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

Reflexión del Evangelio de hoy

La Palabra de la liturgia del día de hoy es una exaltación de alegría y de gozo. En la primera lectura la alegría provienen de la presencia del amado. La alegría exige amor. El amor es causa de gozo, la causa principal. El cielo es contemplación afectiva de Dios. Donde hay amor ha pasado el rudo invierno, amanece una nueva primavera. Dios es e la autor de ese gozo. El nos amó primero, dice san Juan. Nos amó tanto que nos entregó a su Hijo.

El Hijo que María lleva en su seno. Hijo que hace saltar de gozo a Juan en el seno de Isabel. Isabel prorrumpe en expresiones gozosas al ver a María. Es causa de su alegría la presencia de la nazarena. Más aún proclama que ella, María, es dichosa. Que está agraciada por Dios. Porque ha confiado en Él. Esa gracia irá creciendo al aproximarse a dar a luz a su Hijo. Mañana la que proclamará el gozo que la inunda será María en el canto del Magníficat: “Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador”.

Nada nos puede prepara mejor para la Navidad que sentirnos unidos al gozo de Isabel y María. Tener conciencia que la fe nos hace dichosos. Que creer en que nuestro mundo ha sido visitado por Dios hecho Niño nos asegura su amor. En su amor todo debe volverse gozo. Desde esa razón de alegría podemos desear feliz Navidad a todos.