Sáb
26
Dic
2009

Evangelio del día

Cuarta semana de Adviento

No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre.

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 6,8-10; 7,54-60

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Oyendo estas palabras, se recomían por dentro y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijó la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios.»
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejando sus capas a los pies de un joven llamado Saulo, se pusieron también a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu.»
Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.»
Y, con estas palabras, expiró.

Salmo

Sal 30,3cd-4.6 y Sab 16bc-17 R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirigeme y guíame. R/.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción. R/.

Líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,17-22

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»

Reflexión del Evangelio de hoy

El Evangelio, la buena noticia del Dios-Amor que Jesús anunció y vivió, es un mensaje de luz y esperanza para todos aquellos oprimidos y explotados por las estructuras y relaciones injustas de nuestro mundo. Por lo mismo, es un mensaje que desestabiliza e incomoda a aquellos a quienes interesa perpetuar dichas estructuras y relaciones, aquellos y aquellas que sacan beneficio de las injusticias, la explotación, la expoliación, las guerras, el hambre y la pobreza de otros...

Anunciar y poner en práctica el Evangelio, abogar y luchar por la dignidad de todos los seres humanos, sin distinción de raza, sexo, condición social… nos pondrá (nos debería poner) frente a todos aquellos que la niegan, aquellos que ostentan y abusan del poder.

Ellos, incómodos, molestos, tratarán de doblegarnos, debilitarnos, dividirnos, ponernos unos contra otros, con indiferencias, desplantes e incluso amenazas (que llegarán a cumplirse) de muerte.

Así ha sido desde el principio, con Jesús a la cabeza, pasando por Esteban y por otros muchos que dieron su vida por un proyecto de Dios que no busca sino la plenitud de su obra, la plenitud del ser humano y de toda la creación.

Pero no son estas palabras para el desánimo y el desconsuelo, sino más bien para el valor y la esperanza, pues en todos y cada uno de estos sacrificios se han hecho realidad las palabras que Mateo pone en boca de Jesús “os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles”. Porque cada uno de estos sacrificios ha servido para remover las conciencias de muchos y hacer que sus actitudes cambiasen y se encaminasen hacia ese proyecto divino de justicia y paz para todos.

Porque es ahí, cuando estamos ante los opresores denunciando su opresión, luchando por la dignidad de nuestros hermanos y hermanas, donde, como Esteban, nos sentimos llenos del Espíritu Santo y podemos ver “el cielo abierto y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios”. Y a través de nuestro testimonio el Espíritu de nuestro Padre-Madre habla por nosotros a quienes tanto necesitan oír su voz y su mensaje de amor y esperanza.

Así pues, no desfallezcamos ante la ineludible adversidad, no dejemos de luchar por otro mundo posible, con estructuras y relaciones justas para todos, sino, con la confianza puesta en Dios Padre-Madre,  “crezcámonos” y perseveremos, pues “el que persevere hasta el final se salvará”.