Mar
15
Dic
2009

Evangelio del día

Tercera semana de Adviento

Vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron.

Primera lectura

Lectura de la profecía de Sofonías 3,1-2.9-13:

Así dice el Señor: «¡Ay de la ciudad rebelde, manchada y opresora! No obedeció ni escarmentó, no aceptaba la instrucción, no confiaba en el Señor, no se acercaba a su Dios. Entonces daré a los pueblos labios puros, para que invoquen todos el nombre del Señor, para que le sirvan unánimes. Desde más allá de los ríos de Etiopia, mis fieles dispersos me traerán ofrendas. Aquel día no te avergonzarás de las obras con que me ofendiste, porque arrancaré de tu interior tus soberbias bravatas, y no volverás a gloriarte sobre mi monte santo. Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá maldades, ni dirá mentiras, ni se hallará en su boca una lengua embustera; pastarán y se tenderán sin sobresaltos.»

Salmo

Sal 33,2-3.6-7.17-18.19.23 R/. Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y lo salva de sus angustias. R/.
Pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R/.
El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 21,28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a ancianos del pueblo: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor. " Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?»
Contestaron: «El primero.»
Jesús les dijo: «Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.»

Reflexión del Evangelio de hoy

 “Vino Juan y los pecadores le creyeron”

La diferencia entre la Palabra de Dios y las nuestras es que Dios lo dice y lo hace. La Palabra del Señor es creadora y verdadera; las palabras de los hombres  por el contrario son falsas y engañosas.

En la primera lectura nos encontramos ante un pueblo que  no es fiel a la alianza establecida con Dios y por eso el Señor “dará a los pueblos labios puros” para que invoquen su Nombre.

En el evangelio vemos a los representantes del pueblo elegido que dicen ser fieles a la alianza y sin embargo no reconocen en Jesús al Mesías enviado. Por otro lado  aparecen “otros hijos de Dios” en un principio desobedientes por su condición de pecadores, pero que después de escuchar al Precursor se convierten de su mala conducta. Éstos son los publicanos y pecadores que nos preceden en el Reino.

Esta parábola de Jesús nos invita a ser coherentes con nuestra vida, a no refugiarnos en una falsa religiosidad “que dice y no hace”, que es incapaz de reconocer la acción de Dios.

Fijémonos en María, la hija fiel. Ella, obediente al Padre, le dijo que iba a trabajar en su viña, como el  segundo de los hijos de la parábola, y fue, como el primero de ellos. Y cuando aparecieron las dificultades, no trató de cumplir su voluntad sino que trabajó para conformarla con la voluntad de Dios, porque tenía su confianza puesta en Él.

El Señor está cerca de los atribulados –dice el salmista- derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, cantamos en el Magníficat. Tengamos la esperanza puesta en ÉL, porque vendrá y nos arrancará las soberbias bravatas de nuestro interior y nos dará labios puros para que invoquemos su Nombre y le sirvamos unánimes.