Mar
21
Dic
2010

Evangelio del día

Cuarta semana de Adviento

Levántate, Amada mía, ven a mí

Primera lectura

Lectura del libro del Cantar de los Cantares 2,8-14:

¡Oíd, que llega mi amado, saltando sobre los montes, brincando por los collados! Es mi amado como un gamo, es mi amado un cervatillo. Mirad: se ha parado detrás de la tapia, atisba por las ventanas, mira por las celosías.Habla mi amado y me dice: «¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí! Porque ha pasado el invierno, las lluvias han cesado y se han ido, brotan flores en la vega, llega el tiempo de la poda, el arrullo de la tórtola se deja oír en los campos; apuntan los frutos en la higuera, la viña en flor difunde perfume. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí! Paloma mía, que anidas en los huecos de la peña, en las grietas del barranco, déjame ver tu figura, déjame escuchar tu voz, porque es muy dulce tu voz, y es hermosa tu figura.»

Salmo

Sal 32,2-3.11-12.20-21 R/. Aclamad, justos, al Señor, cantadle un cántico nuevo

Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando los vítores con bordones. R/.

El plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,39-45

Unos días después, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre.
Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  •  “Levántate, Amada mía, ven a mí”

El Cantar de los Cantares nos relata el apasionado diálogo de dos enamorados: El Amado y la Amada. Nos descubre el profundo gozo que experimentan en su recíproco amor. El Amado, así es Dios, busca al hombre, quiere atraerle hacia sí: “Levántate, Amada mía, ven a mí”. Y la Amada, así es el hombre, así debería ser, emocionada, le recibe: “¡La voz de mi Amado! Mirad ya viene”.

El Cantar de los Cantares no es sólo sublime poesía. Por parte de Dios, el Amado, expresa los sentimientos de su corazón y la verdadera historia de su relación con toda la humanidad. Es lo que celebramos en la Navidad. Todo un Dios, que guiado por su loco amor hacia el ser humano, es capaz de hacerse hombre, venir a nuestra tierra para declararnos su amor e intentar ser correspondido.

A lo largo de los tiempos, millones y millones de hombres han quedado seducidos, como Jeremías, por Dios y su amor, y toda su existencia no ha sido más que vivir una historia de amor con nuestro Dios, como el Amado y la Amada del Cantar de los Cantares. Y este amor lo han extendido a todos sus hermanos.

Es cierto también que muchos hombres han rechazado el amor que Dios les ofrecía. Belén es todo un símbolo. Jesús tuvo que nacer en un pesebre por no haber sitio para ellos en la posada, pero, a la vez, los pastores de la región le recibieron, le acogieron con gran alegría y le adoraron.

Si en alguien se cumple la historia de amor del Cantar de los Cantares es en María. Después de aceptar asustada y gozosa recibir en su seno al Hijo de Dios, impulsada por el amor recibido, fue a visitar y ayudar a su prima Isabel.

Próxima la Nochebuena, dispongámonos a acoger a nuestro Amado, a nuestro Dios, que quiere nacer en nuestro corazón.