Lun
18
May
2009

Evangelio del día

Sexta Semana de Pascua

El Espíritu dará testimonio de mí

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 16,11-15

En aquellos días, zarpamos de Troas rumbo a Samotracia; al día siguiente salimos para Neápolis y de allí para Filipos, colonia romana, capital del distrito de Macedonia. Allí nos detuvimos unos días. El sábado salimos de la ciudad y fuimos por la orilla del río a un sitio donde pensábamos que se reunían para orar; nos sentamos y trabamos conversación con las mujeres que habían acudido. Una de ellas, que se llamaba Lidia, natural de Tiatira, vendedora de púrpura, que adoraba al verdadero Dios, estaba escuchando; y el Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo. Se bautizó con toda su familia y nos invitó: - «Si estáis convencidos de que creo en el Señor, venid a hospedaros en mi casa.» Y nos obligó a aceptar.

Salmo

Sal 149, 1-2. 3-4. 5-6a y 9b R. El Señor ama a su pueblo.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey. R.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas,
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles. R.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 15,26-16,4a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no tambaleéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho.»

Reflexión del Evangelio de hoy

En este lunes la misión de Pablo adquiere un aspecto agradable: tanto él como sus compañeros son acogidos amistosamente. Resalta la figura de esa mujer, que, convencida por la predicación de Pablo les invita, y les “obliga” a aceptar la invitación, a ser huéspedes suyos. No durará mucho esa primavera, el episodio de mañana que relata la primera lectura, habla de la plebe que se alborota contra los misioneros.

Jesús sabía que eso iba a suceder, como leemos en la lectura evangélica. Por eso envía al Espíritu Santo. No debe pasar desapercibido ese recurso al Espíritu Santo del texto evangélico. De momento sirve para llamarnos la atención sobre la inmediatez de su Pascua, Pentecostés. Pero además hemos de acudir a Él porque no podemos vivir nuestra fe sin su ayuda. El cristiano tiene que vivir la fe de ordinario en un mundo hostil. Lo que exige su fe no es a menudo lo social, político, ni siquiera lo religiosamente correcto. La fe cristiana tiene mucho de antisistema. Es proclamación de que otro mundo es posible. Por eso: “os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte, pensará que da culto a Dios”. Sin llegar a esos términos, ser cristiano es nadar contracorriente no pocas veces. Es normal que de vez en cuando “se tambalee” nuestra fe. Necesitamos que el Espíritu de la Verdad, nos fortalezca. Nos haga conscientes  de que, como decía Jesús, esa Verdad nos hará libres y, por tanto, fuertes.