Mar
26
May
2009

Evangelio del día

Séptima Semana de Pascua

Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo.

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 20, 17-27

En aquellos días, desde Mileto, mandó Pablo llamar a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso. Cuando se presentaron, les dijo: -«Vosotros sabéis que todo el tiempo que he estado aquí, desde el día que por primera vez puse pie en Asia, he servido al Señor con toda humildad, en las penas y pruebas que me han procurado las maquinaciones de los judíos. Sabéis que no he ahorrado medio alguno, que os he predicado y enseñado en público y en privado, insistiendo a judíos y griegos a que se conviertan a Dios y crean en nuestro Señor Jesús. Y ahora me dirijo a Jerusalén, forzado por el Espíritu. No sé lo que me espera allí, sólo sé que el Espíritu Santo, de ciudad en ciudad, me asegura que me aguardan cárceles y luchas. Pero a mí no me importa la vida; lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios. He pasado por aquí predicando el reino, y ahora sé que ninguno de vosotros me volverá a ver. Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie: nunca me he reservado nada; os he anunciado enteramente el plan de Dios.»

Salmo

Sal 67, 10-11. 20-21 R. Reyes de la tierra, cantad a Dios.

Derramaste en tu heredad, oh Dios,
una lluvia copiosa, aliviaste la tierra extenuada
y tu rebaño habitó en la tierra que tu bondad,
oh Dios, preparó para los pobres. R.

Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas,
es nuestra salvación.
Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos hace escapar de la muerte. R.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 1-11a

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: - «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste. Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese. He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado. Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos. Sí, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Lo que me importa es completar mi carrera, y cumplir el encargo que me dio el Señor Jesús: ser testigo del Evangelio, que es la gracia de Dios.

La despedida es la nota dominante de este martes. Pablo prevé que su final está cerca y reúne a los presbíteros de Éfeso porque sabe que ya no volverán a verle. Hace con ellos un recuento de su misión como discípulo que sigue a su Maestro hasta el final. Este testimonio es válido también para nosotros, que estamos finalizando el año paulino, y deseamos dejarnos guiar por el Espíritu Santo, que obrará el don de la perseverancia en nosotros.
Pablo manifiesta claramente que su vida ha sido entregada totalmente a la predicación del Evangelio, sin escatimar sacrificios, afrontando todas las dificultades y tratando de que cada vez más hermanos se conviertan y creyeran en el Señor Jesús. Les recuerda que la siembra se hizo entre dolores, lágrimas, cárceles, persecución... pero nada de esto tiene para él importancia ante la grandeza del conocimiento de Cristo, el Señor Jesús.
Pablo ha experimentado que allí donde se acaban nuestras posibilidades, comienza la posibilidad de Dios, que lo importante es completar la carrera, cumplir el encargo que el Señor Jesús le dio; y si nos mantenemos firmes en esta meta, no nos importará experimentar el fracaso, el no ser reconocido, el que otros tengan éxito... lo principal es no desviarnos de nuestro propio proyecto de vida, vivir en coherencia con la fe recibida, actuar con la certeza de que es el Señor quien actúa y que con Él, todo es posible. Contamos con las pruebas, con las pequeñas o grandes contrariedades y renuncias de cada día, pero siempre con gran ánimo porque es Dios quien lleva nuestras cargas, es nuestra salvación, como cantamos en el salmo.
Aprendamos de Pablo a vivir por Cristo, por su Reino, a vivir con Cristo, con su mismo Espíritu, en sus mismos sentimientos; a vivir en Cristo, en su Amor, así seremos también nosotros testigos del Evangelio.

  • Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado.

San Juan nos relata en el evangelio el discurso de despedida de Jesús a sus discípulos hecha oración al Padre.
Jesucristo es consciente de que ha llegado su Hora, y le pide al Padre que le glorifique porque ha concluido la obra que le ha encomendado. Seguidamente pide que santifique a los discípulos que le han acompañado. El Hijo no actúa por su cuenta, la relación de filiación es tan intensa que no sabe actuar sin obedecer al Padre. De aquí aprendemos nosotros a dar gloria a Dios con nuestra vida, obedeciendo y pidiendo al Padre que glorifique a su Hijo en nosotros, para que a todos llegue esta vida abundante. Todo ser humano tiene impreso ese deseo de una vida sin fin ni decadencia y Jesús nos dice en qué consiste esta vida eterna: en conocer a Dios Padre y a su enviado. Nosotros no podemos tener una relación de intimidad con el Padre si no es a través del Hijo, por eso Jesús nos ofrece participar de la comunión con el Padre y el Hijo, que es la misión que Jesús ha llevado a plenitud. Dios es Padre, es Todopoderoso, Creador del universo, fuente de Vida... pero no es un ser inaccesible, ajeno a nosotros; en cada momento nos acompaña, nos cuida, somos sus hijos; como Jesús confiemos también nosotros en nuestro Padre Dios, pongámonos en sus manos, acudamos a Él en las alegrías y en las angustias, uniendo nuestra pobre oración a la de Jesús, que ya pasó por todas las situaciones que estamos viviendo y así encontraremos la paz y la fortaleza para seguir adelante. También nosotros estamos llamados a perseverar en la oración de intercesión.
Finalmente Jesús no ruega por el mundo, que representa el proyecto del mal, sino por sus discípulos, que representan el lugar por excelencia donde manifiesta su gloria y también ruega por los que creerán en Él, para que permanezcamos a su lado, para que no nos dejemos vencer por la tentación. Jesús cada día, intercede por nosotros ante su Padre para que caminemos en la verdad. Después de conocer la verdad ya no podemos ser otros tantos del mundo, con Jesús seremos ahora luz del mundo.