Sáb
23
May
2009

Evangelio del día

Sexta Semana de Pascua

Si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará.

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 18,23-28

Pasado algún tiempo en Antioquía, emprendió Pablo otro viaje y recorrió Galacia y Frigia, animando a los discípulos. Llegó a Éfeso un judío llamado Apolo, natural de Alejandría, hombre elocuente y muy versado en la Escritura. Lo habían instruido en el camino del Señor, y era muy entusiasta; aunque no conocía más que el bautismo de Juan, exponía la vida de Jesús con mucha exactitud. Apolo se puso a hablar públicamente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con más detalle el camino de Dios. Decidió pasar a Acaya, y los hermanos lo animaron y escribieron a los discípulos de allí que lo recibieran bien. Su presencia, con la ayuda de la gracia, contribuyó mucho al provecho de los creyentes, pues rebatía vigorosamente en público a los judíos, demostrando con la Escritura que Jesús es el Mesías.

Salmo

Sal 46,2-18-9.10 R. Dios es el rey del mundo.

Pueblos todos, batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor es sublime y terrible,
emperador de toda la tierra. R.

Porque Dios es el rey del mundo:
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R.

Los príncipes de los gentiles se reúnen
con el pueblo del Dios de Abrahán;
porque de Dios son los grandes de la tierra,
y él es excelso. R.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 23b-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Yo os aseguro, si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Nuestra fe es recibida. Todos nosotros hemos aprendido y escuchado quién es Jesús gracias a que otros nos lo explicaron antes de un modo convincente y nos pusieron en el camino del seguimiento. Esa es también la experiencia que hoy contemplamos en el Libro de los Hechos. Se trata de una lectura que habla de personas que son capaces de argumentar, de ser elocuentes y con la fuerza que da la razón, dar cuenta de ello. Este texto nos permite recordar la importancia que tienen en nuestras vidas las palabras recibidas y el peso transformador que éstas pueden tener sobre nuestras ideas.

Esa Palabra es transmitida en comunidad. Parece que es el contexto apropiado para que nos dispongamos a recibirla, a que actué en nosotros y, más tarde, podamos también nosotros intentar que alcance a otras personas.

Afirmamos con nuestras estrechas vidas que es liberadora, que es amante de la justicia y que debe estar acompañada de compasión, o por lo menos, así es como la tradición dominicana nos ha enseñado a vivirla. Buscamos alejarnos de las confusiones, de las medias verdades o de los mensajes que parecen muy claros pero que carecen de apoyos auténticos. Así, en comunidad, la Palabra nos dispone a saber recibir ese camino de Dios y hacerlo personalmente, para que nos acerquemos a los que sufren o lo pasan peor, como son nuestros hermanos emigrantes. Entendemos que esa palabra comunitaria nos permite estar alegres y nos ayuda a predicar una gracia liberadora.

El salmo de hoy nos ha hecho reflexionar. Dicen que cada cultura adapta sus nociones de lo divino sobre la base de lo que más valora. De ahí que hoy también escuchemos un salmo que nos habla de la divinidad en términos de: Señor, emperador o rey y, cuyos atributos son la dominación, la realeza. La consecuencia de esto es una imagen de Dios como un varón terrible. Este modo de hablar de la divinidad, está muy alejado del Dios amoroso y cercano que se hace presente en el centro mismo de nuestras vidas. Por ello, también en comunidad, entendemos que esta Palabra nace en un contexto sociopolítico muy concreto y que ha de ser necesariamente recreada por nosotros para que tenga autoridad. Se trata de una apuesta por un cambio de lenguaje que nos acerque a otro modo de entender a Dios, ya que nuestros intereses comunitarios no van por el camino de los grandes triunfos que nos ofrece esta sociedad: realezas, dominaciones… más bien pensamos que han de ser profundamente transformadas.

Ya en otro tono, el evangelio nos anima a pedir. Creemos que es un ejercicio que va más allá de la pura petición, pues queremos hacernos conscientes de nuestras carencias, comunitarias, sociales, económicas y eclesiales pero también animarnos a tener el valor de denunciarlas, de movilizarnos para conseguirlas porque consiguen tener un eco en nuestras vidas.

El evangelio nos asegura que no quedaremos defraudados, que Jesús, al partir hacia Dios, abre un “espacio” de posibilidad ante nosotros infinito como lo es su amor. Esa apertura se convierte en un camino transitable para poder superarnos y para sostenernos lo unos a los otros confiadamente. Pero también Domingo nos habló de algo parecido, él continuaría su preocupación por cada uno de nosotros después de su muerte. Así que estamos “obligados” a continuar enredados con la Palabra, a buscar el sabor que puede ofrecernos y a que sea impulso liberador para cada uno que necesite una palabra de aliento o sufra injusticia.