Lun
25
May
2009

Evangelio del día

Séptima Semana de Pascua

Yo he vencido al mundo

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 19, 1-8

Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos discípulos y les preguntó:
«¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?».
Contestaron:
«Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo».
Él les dijo:
«Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?».
Respondieron:
«El bautismo de Juan».
Pablo les dijo:
«Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que iba a venir después de él, es decir, en Jesús».
Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres.
Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses hablaba con toda libertad del reino de Dios, dialogando con ellos y tratando de persuadirlos.

Salmo

Sal 67, 2-3. 4-5ac. 6-7ab R/. Reyes de la tierra, cantad a Dios

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios. R/.

En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad a su nombre;
su nombre es el Señor. R/.

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 29-33

En aquel tiempo, los discípulos dijeron a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios».
Les contestó Jesús:
«¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».

Reflexión del Evangelio de hoy

Empieza la semana de preparación para la fiesta de Pentecostés, la Pascua que culmina la Pascua de la Resurrección. Viene bien la primera lectura, en la que encontramos una pregunta que se vuelve hacia nosotros. “¿Hemos recibido el Espíritu Santo al recibir la fe? Sabemos que con el agua bautismal el Espíritu Santo llega a nosotros. (Como llegó a Jesús cuando Juan le bautizó). Pero se nos pregunta si cuando somos conscientes de nuestra fe, lo somos también de la presencia del Espíritu Santo. ¿Ocupa el Espíritu Santo un lugar en nuestra vida, en nuestra espiritualidad? El Espíritu Santo nos aporta entender el espíritu de Jesús, el de su evangelio, y actuar desde ese espíritu. Más allá de nuestros ritos, oraciones, celebraciones, es necesario que lo hondo de nuestro ser, el espíritu, donde está el centro de sentimientos, afectos, motivaciones, esté animado por el espíritu de Jesús, el Espíritu Santo. En esa hondura de nuestro ser, que es el espíritu, está nuestra verdad, más allá de cualquier apariencia. Ahí es donde llega y debe reinar el Espíritu Santo. Es espíritu de verdad.

Solo cuando estemos animados por el Espíritu Santo entenderemos el evangelio: es decir cuando lo vivamos. Siempre estaremos en tentación de dejar sólo a Jesús y su evangelio buscando otros intereses, otras satisfacciones, como hicieron los discípulos. El Espíritu Santo desde lo hondo de nuestro ser nos advertirá de nuestro error, nos mostrará la verdad de lo que somos, nos traerá la paz que solo encontraremos en Cristo, como anuncia Jesús en el texto evangélico. No es fácil en nuestro mundo sentir la presencia del Espíritu Santo. Decimos que vive en lo hondo del ser y nuestra sociedad huye de lo hondo para quedarse en lo superficial: por lo tanto no en la verdad, sino en las apariencias. Tenemos que tener la confianza que Jesús brinda a sus discípulos, cobardes como son: Yo he vencido al mundo. Lo haremos con la fuerza del Evangelio, el espíritu de Jesús, el Espíritu Santo.