Lun
7
Dic
2009

Evangelio del día

Segunda Semana de Adviento

Hoy hemos visto cosas admirables.

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 35, 1-10

El desierto y el yermo se regocijarán,
se alegrará la estepa y florecerá,
germinará y florecerá como flor de narciso,
festejará con gozo y cantos de júbilo.
Le ha sido dada la gloria del Líbano,
el esplendor del Carmelo y del Sarón.
Contemplarán la gloria del Señor,
la majestad de nuestro Dios.
Fortaleced las manos débiles,
afianzad las rodillas vacilantes;
decid a los inquietos:
«Sed fuertes, no temáis.
¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite,
la retribución de Dios.
Viene en persona y os salvará.»
Entonces se despegarán los ojos de los ciegos,
los oídos de los sordos se abrirán;
entonces saltará el cojo como un ciervo,
y cantará la lengua del mudo,
porque han brotado aguas en el desierto
y corrientes en la estepa.
El páramo se convertirá en estanque,
el suelo sediento en manantial.
En el lugar donde se echan los chacales
habrá hierbas, cañas y juncos.
Habrá un camino recto.
Lo llamarán «Vía sacra».
Los impuros no pasarán por él.
Él mismo abre el camino
para que no se extravíen los inexpertos.
No hay por allí leones,
ni se acercarán las bestias feroces.
Los liberados caminan por ella
y por ella retornan los rescatados del Señor.
Llegarán a Sión con cantos de júbilo:
alegría sin límite en sus rostros.
Los dominan el gozo y la alegría.
Quedan atrás la pena y la aflicción.

Salmo

Sal 84, 9abc y 10. 11-12. 13-14 R/. He aquí nuestro Dios; viene en persona y nos salvará

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está cerca de los que lo temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
Y sus pasos señalarán el camino. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 17-26

Un día, estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con él para realizar curaciones.
En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo:
«Hombre, tus pecados están perdonados».
Entonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos:
«¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?».
Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo:
«¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: “A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”».
Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios
El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos de temor, decían:
«Hoy hemos visto maravillas».

Reflexión del Evangelio de hoy

  • El desierto y el yermo se regocijarán

Adviento suena a penitencia, lo indican los ornamentos morados que se utilizan en la Eucaristía. Pero las lecturas de hoy de estos días, sobre todo de Isaías, encontramos  una invitación a vivir la alegría de tiempos mejores, que hemos de celebrar ya: estar alegres porque el gozo va a triunfar sobre la tristeza, lo fértil sobre lo árido, la luz sobre la ceguera, la movilidad sobre la invalidez, la convivencia en paz sobre la violencia, etc. Sin esperanzas no existe razón para vivir. Si no confiamos en tiempos mejores, no sabremos disfrutar de la vida. La reduciremos a tristeza o gozos, pero momentáneos y superficiales. Frente a la instalación en lo seguro y claro, lo de siempre, en la que se mueven “fariseos y maestros de la ley”, está la exclamación de la gente sencilla: “Hoy hemos visto cosas admirables”. La admiración decía Aristóteles el inicio de la filosofía, de la sabiduría, del conocimiento hondo. Admirar y admirarse. Admirar lo que el Cristo realiza, admirar el poder que ejerce contra la enfermedad. Admirarse porque nos encontramos con lo inesperado.  Que nos evita dejarnos arrastrar por lo rutinario, sin que nada nos sorprenda. Dios nos sorprende. Nos sorprendió como Padre entregando a su Hijo: Dios-Niño. Nos sorprende lo que proclama el salmo responsorial, “Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos”. Anuncia tiempos mejores. En esos tiempos hemos de creer. Por esos tiempos hemos de luchar. No podemos vivir en la reiteración de lo mediocre, no podemos resignarnos a ello. Nos lo exige el Dios del Adviento. Lo proclaman sus profetas.