Sáb
12
Dic
2009

Evangelio del día

Segunda Semana de Adviento

Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido..

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 48,1-4.9-11:

Surgió Elías, un profeta como un fuego, cuyas palabras eran horno encendido. Les quitó el sustento del pan, con su celo los diezmó; con el oráculo divino sujetó el cielo e hizo bajar tres veces el fuego. ¡Qué terrible eras, Elías!; ¿quién se te compara en gloria? Un torbellino te arrebató a la altura; tropeles de fuego, hacia el cielo. Está escrito que te reservan para el momento de aplacar la ira antes de que estalle, para reconciliar a padres con hijos, para restablecer las tribus de Israel. Dichoso quien te vea antes de morir, y más dichoso tú que vives.

Salmo

Sal 79,2ac.3b.15-16.18-19 R/. Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve

Pastor de Israel, escucha,
tú que te sientas sobre querubines, resplandece;
despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.

Dios de los ejércitos, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña,
la cepa que tu diestra plantó,
y que tú hiciste vigorosa. R/.

Que tu mano proteja a tu escogido,
al hombre que tú fortaleciste.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17,10-13

Cuando bajaban de la montaña, los discípulos preguntaron a Jesús: «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?»
Él les contestó: «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que lo trataron a su antojo. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos.»
Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.

Reflexión del Evangelio de hoy

La palabra es el medio del que disponemos para re-conocernos unos a otros. Se trata de algo complejo porque son muchas, por no decir todas, las dimensiones de nuestra vida en las que necesitamos de las palabras para entendernos, comunicarnos, reflexionar, discutir, saludarnos o querernos. Hasta con la divinidad podemos entrar en relación a través de la Palabra que hemos escuchado en el interior de la Iglesia. Por eso decimos que el lenguaje nos configura como creyentes pues necesitamos de esta capacidad comunicativa y lingüística para expresar, comprender y celebrar a un dios misericordioso.

Las lecturas de hoy nos presentan a dos personas, Elías y Juan, que se dejaron transformar por palabras que recibieron de Dios. En Elías este cambio que irrumpió en él, le tornó como el fuego. Gracias a ella puso a prueba las certezas que residían en las creencias de aquellas gentes, recordándoles dónde estaba lo fundamental de sus vidas. Se convirtió así, con la fuerza de la palabra, en una persona capaz de indicar y de separar lo humano de aquello que consideramos sagrado, y que el profeta llamó el cielo. Pero, al mismo tiempo, nos recuerda que lo divino no está separado completamente de lo humano sino que ambos se reclaman. Así que llama a la reconciliación, al establecimiento de unas relaciones diferentes y más justas que nos permitan vivir a todos-as mejor. El texto del Eclesiástico nos invita a revisar también cómo establecemos las relaciones entre los distintos grupos humanos, sea en nuestras familias, comunidades dominicanas o dentro de nuestras diferentes confesiones.

De igual modo en el evangelio de Mateo nos encontramos con otra persona, Juan, que se dejó transformar por una Palabra que irrumpió en su vida. Le hizo salir de su casa y le empujó a gritar con urgencia que debíamos cambiar profundamente nuestra forma de relacionarnos con Dios. Jesús habla de él con sus discípulos. Ellos esperan que Dios vuelva a actuar y que Elías entre de nuevo en escena. Pero ese parece que no es su estilo. Jesús nos recuerda que los profetas como Juan comunican, denuncian, piden cambios pero para que se lleven a cabo necesitan de una respuesta activa por nuestra parte. Ahora nos toca a nosotros ponernos en marcha. Quizá este tiempo de Adviento sea un buen momento. Por ello, se nos pide que nos pongamos a la escucha contemplativa de todo aquello que un día nos apasionó, que nos hizo sentir vivos o que nos impulsó a tomar decisiones arriesgadas. A lo mejor así Dios podrá servirse de todo esto para volver a incendiar nuestros espacios vitales convirtiéndolos en buenas palabras proféticas que impulsen cambios sociales, económicos y eclesiales. 

¡Feliz adviento encendido¡