Sáb
15
Oct
2011
Nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar…

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 15, 1-6

Así obra el que teme al Señor, el que observa la ley alcanza la sabiduría.
Ella le sale al encuentro como una madre y lo acoge como una joven esposa. Lo alimenta con pan de inteligencia y le da a beber agua de sabiduría.
Si se apoya en ella, no vacilará, si se aferra a ella, no quedará defraudado.
Ella lo ensalzará sobre sus compañeros y en medio de la asamblea le abrirá la boca.
Lo llenará del espíritu de sabiduría y de inteligencia y lo revestirá con un vestido de gloria. Encontrará gozo y corona de júbilo, y un hombre eterno recibirá en herencia.

Salmo

Sal 88, 2-3. 6-7. 8-9. 16-17. 18-19 R/. Contaré eternamente las misericordias del Señor

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R/.

Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean. R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Reflexión del Evangelio de hoy

En este día toda la Iglesia estamos de fiesta por una gran mujer, española del siglo XVI, virgen y doctora de la Iglesia: santa Teresa de Jesús. La Palabra de Dios es la que nos va a llevar a descubrir cómo fue ella, y qué tiene que ver con cada uno de nosotros.

  • “Lo llena de sabiduría e inteligencia... le dará un nombre perdurable."

Vamos a compartir la Palabra fijándonos en la oración de la liturgia de esta fiesta, que comienza diciendo: “Señor Dios nuestro, que por tu Espíritu has suscitado a santa Teresa de Jesús, para mostrar a tu Iglesia el camino de la perfección…” Preguntémonos: ¿y cómo nos muestra hoy este camino de la perfección? ¿en qué consiste? El libro del Eclesiástico nos responde: “El que teme al Señor obrará así, observando la ley, alcanzará la sabiduría”.

El papel más importante que cada uno tenemos en el camino de seguimiento a Jesucristo es el de “querer”: querer estar con Él, esto es, “temer al Señor”, no querer separarnos nunca de Él. “Apoyados en Él, la sabiduría, no vacilaremos, confiados en ella no fracasaremos”. Sólo así podrá ser ella quien lleve el timón de nuestras vidas y quien vaya realizando su obra de amor en nosotros.

  • “Aprended de mí...”

Esta es la clave: “Aprender de Jesucristo”. Descubrir cómo santa Teresa de Jesús aprendió de Él, para hacerlo también cada uno de nosotros. La oración de esta fiesta continúa pidiendo: “concédenos vivir de su doctrina”. ¿Cuál es su doctrina? La doctrina de esta doctora de la Iglesia no puede ser otra que un reflejo de la de Jesucristo, su Persona, su Palabra: vivir en acción de gracias: “te doy gracias Padre…”; en sencillez: “porque estas cosas se las has revelado a la gente sencilla”; en el cansancio y agobio… “venid a mí, y yo os aliviaré”; cargando con su yugo y aprendiendo de Él, que es “manso y humilde de corazón”. Por este camino… “encontraréis vuestro descanso”.

Así caminó Teresa de Jesús, y fue santa. Sabemos que este es el deseo de Dios para cada uno de nosotros, pero… ¿nos lo creemos de verdad? Y porque Él nos conoce muy bien… concluye la oración pidiendo: “Señor, ¡enciende en nosotros el deseo de la verdadera santidad!”.