Jue
15
Oct
2009
Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 15, 1-6

Así obra el que teme al Señor, el que observa la ley alcanza la sabiduría.
Ella le sale al encuentro como una madre y lo acoge como una joven esposa. Lo alimenta con pan de inteligencia y le da a beber agua de sabiduría.
Si se apoya en ella, no vacilará, si se aferra a ella, no quedará defraudado.
Ella lo ensalzará sobre sus compañeros y en medio de la asamblea le abrirá la boca.
Lo llenará del espíritu de sabiduría y de inteligencia y lo revestirá con un vestido de gloria. Encontrará gozo y corona de júbilo, y un hombre eterno recibirá en herencia.

Salmo

Sal 88, 2-3. 6-7. 8-9. 16-17. 18-19 R/. Contaré eternamente las misericordias del Señor

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R/.

Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean. R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Reflexión del Evangelio de hoy

  • El que teme al Señor obra con Sabiduría

El texto del Eclesiástico identifica la Sabiduría con el Temor de Dios. Este canto a la Sabiduría nos invita a confiar en Dios y nos asegura el gozo y la alegría verdaderos.

La ley de Dios ayuda al ser humano a discernir entre el bien y el mal. La sabiduría hace que los hombres y mujeres estén en condiciones para caminar con rectitud.

“Apoyado en la Sabiduría no vacilará y confiado en ella no fracasará.”

  • "Así te ha parecido mejor"

Jesús lleno de gozo alaba y da gracias al Padre. El motivo es que el Reino comienza a manifestarse en la humanidad y las fuerzas del mal comienzan a ser vencidas. Lo expresa mediante el contraste: ocultar “estas cosas” a los sabios y entendidos y revelarlas a los pequeños. Al decir “estas cosas” hace referencia a los “misterios del Reino”.

El Reino es don de Dios. No es fruto de búsqueda y está escondido a los que viven con los ojos cerrados. Si no se recibe como don, queda escondido. El misterio del Reino se les descubre a quienes sienten la necesidad de los otros y no a los que se creen autosuficientes.
Dios es amor y comunicación y el amor supone capacidad de saber recibir. En el misterio cristiano todo comienza por el saber recibir. Es hermoso dar, porque primero hemos recibido. El tema de fondo es el Evangelio de la gracia.

No es que los pequeños entiendan más, sino que el Padre ha tenido a bien dar a entender el mensaje del Reino a los pequeños. Muchas veces pensamos que los inteligentes y los sabios entienden mejor la sabiduría de Dios, pero el hecho de que Dios lo haya revelado a los pequeños da a entender que es un don gratuito.

El que se cree inteligente, en cuanto se apoya en sí mismo, se cierra a la Sabiduría de Dios y el pequeño, en cuanto tiene menos confianza en sí mismo, está dispuesto a agradecer más el Don de Dios.

La razón fundamental es porque “así le ha parecido mejor”.

Teresa de Jesús, mujer contemplativa, en medio de dificultades e incomprensiones, entendió mejor que muchos “sabios y entendidos” que el Reino es don de Dios.