Mié
12
Oct
2011
Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen

Primera lectura

Lectura del primer libro de las Crónicas 15, 3-4. 15-16; 16, 1-2

En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todo Israel para subir el Arca del Señor al lugar que le había preparado. Reunió también a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas levantaron el Arca de Dios tal como lo había mandado Moisés por orden del Señor: apoyando los varales sobre sus hombros.
David mandó a los jefes de los levitas emplazar a los cantores de sus familias con instrumentos musicales —arpas, cítaras y platillos— para que los hiciesen resonar, alzando la voz con júbilo.
Llevaron el Arca de Dios y la colocaron en el centro de la tienda que David le había preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión en presencia de Dios. Cuando David acabó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Salmo

Sal 26, 1. 3. 4. 5 R/. El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. R/.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

El me protegerá en su tienda
el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11, 27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo:
«Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron».
Pero él dijo:
«Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen».

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Tú eres la gloria de Jerusalén, Tú el orgullo de nuestra raza”

Cristo, centro de nuestra fe cristiana, eligió a una mujer del pueblo para tomar nuestra carne y hacerse uno entre nosotros, en su seno permaneció durante nueve meses, María es el Arca de la Nueva Alianza, ella engendró y guardó a Cristo.

La lectura de hoy relata la devoción y el júbilo del rey David y su pueblo en el traslado del Arca de Dios, en ella, estaban depositadas las Tablas de la Ley. Nosotros, también tenemos que celebrar con júbilo la presencia de María en medio de nuestro pueblo; según la tradición, Ella, vino a visitar al Apóstol Santiago en Zaragoza posándose sobre el Pilar, enseña y firmeza de nuestra fe. En María “Arca de la Nueva Alianza”, no, están las Tablas de la Ley, está el mismo Cristo, que “Nace bajo la Ley para librarnos de la Ley, para que lleguemos a ser hijos por adopción en el amor” (Gal 4,4). Con María, somos verdaderos hijos de Dios, Ella, como buena Madre, está presente en su Iglesia intercediendo por todos, desde su inicio, como nos dice la lectura de los Hechos de los Apóstoles, en la primitiva comunidad cristiana, se reunieron los apóstoles con algunas mujeres y “con María la Madre de Jesús” oraban en común. Ella nos enseña a vivir y compartir nuestra fe en participación plena con toda la Iglesia y a proclamarla, En este hermoso día se implantó, por primera vez la Cruz de Cristo en el Nuevo Mundo. Pidamos que la fe en Cristo siga siempre presente en todo el universo.

  • “Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”

Al escuchar la lectura de este evangelio, nos puede dar la impresión de un despego de Jesús hacia su Madre. Nada más lejos de ello, leamos profundamente su mensaje: cuando aquella mujer del pueblo llama dichosa a María :”dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron” y que nosotros lo traduciríamos por un “Viva tu madre”, Jesús, se complace en ello, mira a su Madre como a la más grande de las mujeres, no tanto, por la maternidad carnal como por la grandeza de su fe, María es la más grande entre las mujeres porque creyó, por su fe, aceptó la propuesta del ángel y por esa aceptación, Dios se hizo hombre entre nosotros.

Nuestra fe, también nos hace grandes y al transmitirla, como María podemos hacer que los hombres sigan a Cristo por la fe.

Supliquemos con la oración que la Iglesia nos propone para este día: “Concédenos: fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor” se lo pedimos por intercesión de su Madre bajo la advocación de Ntra. Sra. del Pilar”