Vie
15
Oct
2010
Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 15,1-6:

El que teme al Señor obrará así, observando la ley, alcanzará la sabiduría. Ella le saldrá al encuentro como una madre y lo recibirá como la esposa de la juventud; lo alimentará con pan de sensatez y le dará a beber agua de prudencia; apoyado en ella no vacilará y confiado en ella no fracasará; lo ensalzará sobre sus compañeros, para que abra la boca en la asamblea; lo llena de sabiduría e inteligencia, lo cubre con vestidos de gloria; alcanzará gozo y alegría, le dará un nombre perdurable.

Salmo

Sal 88,2-3.6-7.8-9.16-17.18-19 R/. Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R/.

Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean. R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Reflexión del Evangelio de hoy

En este día se interrumpe la lectura continuada de la Liturgia de los días de feria para celebrar a Santa Teresa de Jesús con rango de Fiesta Litúrgica (al menos en España). Y precisamente las lecturas de este día van con ella como anillo al dedo. 

  • " Alcanzará gozo y alegría, le dará un nombre perdurable".

El Sirácida hace un elogio de aquel que teme al Señor, y alcanzará la sabiduría. Temor del Señor que significa no miedo, sino que es nada menos que un don del Espíritu Santo que nos infunde el deseo de no separarnos de Dios, de sólo servirle a Él. El fruto: la sabiduría como madre y esposa; la sensatez, la prudencia, gozo, alegría y un nombre perdurable. Un tenor de vida que no puede comprenderse solo con las categorías humanas, sino que trasciende nuestras fuerzas.

Teresa no nació santa. A Dios no le fue fácil convencer a Teresa para salir de su “comodidad”, de sus “amistades”, de su “vida regalada”, aun en el convento. Estas son sus propias palabras en la obra de su vida: “Fíe de la bondad de Dios, que es mayor que todos los males que podemos hacer…, y miren lo que ha hecho conmigo, que primero me cansé de ofenderle que su Majestad de perdonarme. Nunca se cansa de dar ni se pueden agotar sus misericordias; no nos cansemos nosotros de recibir”.

Tras el encuentro transformador con el Señor en la Cuaresma de 1554, ante la imagen de un Cristo muy llagado, comenzó a experimentar un cambio profundo en su vida. Se siente convertida, salvada por pura misericordia de Dios. Y la sabiduría de Dios de la que nos habla la lectura comienza a obrar en ella.

  • "Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla"

San Mateo nos presenta a Cristo como Maestro, que inicia a sus discípulos en el misterio del Reino, destinado preferentemente a los sencillos, a los pequeños. Toda la riqueza del Padre es de Jesucristo, que la comparte con los suyos, ofreciéndose como descanso y alivio en sus necesidades.

Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, nos dirá en sus escritos que “andar en humildad es andar en verdad”. Ella cifró toda su vida en el amor. Pudo repetir con S. Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí”. Ella lo expresaba así: “Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero porque no muero”.
Que nuestra vida sea siempre una proclamación de la misericordia y fidelidad de Dios, como reza el salmista y proclamó Santa Teresa con su vida.