Jue
15
Oct
2020
Venid a mí

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 15, 1-6

Así obra el que teme al Señor, el que observa la ley alcanza la sabiduría.
Ella le sale al encuentro como una madre y lo acoge como una joven esposa. Lo alimenta con pan de inteligencia y le da a beber agua de sabiduría.
Si se apoya en ella, no vacilará, si se aferra a ella, no quedará defraudado.
Ella lo ensalzará sobre sus compañeros y en medio de la asamblea le abrirá la boca.
Lo llenará del espíritu de sabiduría y de inteligencia y lo revestirá con un vestido de gloria. Encontrará gozo y corona de júbilo, y un hombre eterno recibirá en herencia.

Salmo

Sal 88, 2-3. 6-7. 8-9. 16-17. 18-19 R/. Contaré eternamente las misericordias del Señor

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dijiste: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R/.

Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean. R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

Reflexión del Evangelio de hoy

Hoy, celebrando la fiesta de santa Teresa de Jesús quiero resaltar como esta mujer del siglo XVI, desde la sencillez de un corazón que buscaba a Dios entre los muros de un monasterio, llega a experimentar no solo la presencia de Dios, sino la urgencia de reformar el carmelo, de volver al auténtico espíritu: la austeridad, la pobreza y la clausura. En esta difícil y ardua misión encontró, como siempre sucede, fuertísimos contratiempos y oposiciones. Sin embargo, dos pilares fundamentales sustentaron la misión recibida: la paz que brota en lo más profundo, fruto de la sabiduría de Dios, y la constancia, firmeza y determinación para llevar adelante la misión encomendada.

Acoger la sabiduría de Dios implica dejar modelar el corazón

El autor del libro del Eclesiástico presenta la Sabiduría a partir de diversas imágenes sencillas y cotidianas que expresan su importancia y necesidad en la vida del ser humano. Así, la Sabiduría que viene de Dios es como madre y esposa, como alimento y bebida básicas a ejemplo del pan y el agua.  Sin la Sabiduría no podemos vivir y mucho menos llevar adelante cualquier proyecto.

La Palabra vincula la felicidad, el reconocimiento, el tener un nombre perdurable… a una opción de vida pautada por el encuentro personal con Dios. No serán las ultimas ideologías o modas las que llevarán a las personas a dar sentido a sus vidas y a cumplir el anhelo humano de ser reconocidos. Acoger la sabiduría de Dios implica dejar modelar el corazón, y desde ahí las actitudes y comportamientos. Dejar que Dios modele el corazón es permitir que nos transforme en personas audaces, aunque esto suponga enfrentar las ideologías e intereses del momento.

Venid a mí

El Evangelio de hoy resalta tres aspectos fundamentales: la oración agradecida: “te bendigo Padre”, el reconocimiento de que todo procede de Dios-Padre, y la invitación a ir a descansar junto al maestro, asumiendo su yugo y su carga.

Una bendición porque la revelación de Dios, la Sabiduría auténtica, fructifica en las personas de corazón sencillo y abierto al querer de Dios. Jesús al manifestar que todo proviene del Padre, también expresa el vínculo tan íntimo y especial que existe entre ellos. Y la llamada a confiar plenamente en Él, rebasa todas las expectativas humanas ante las dificultades y problemas. El yugo y la carga que provienen de la opción de ser discípulos, discípulas… es leve, porque pertenecen al ámbito del compromiso desinteresado y generoso, del ámbito del Amor.

En Teresa de Jesús, encontramos un camino de santidad, es decir, de seguimiento radical, forjado por la búsqueda de un Dios que se hace presente entre los pucheros, en lo más sencillo y cotidiano.  Su vida manifiesta que, a partir del encuentro personal con el Maestro, surge una confianza plena, incluso en las circunstancias más adversas: “Nada te turbe, nada te espante (…) quien a Dios tiene, nada le falta”. Y eso sí, esta gran mujer llevó adelante la misión que Dios le confió con “determinada determinación”, rebasando todas las expectativas humanas ante las dificultades y problemas. La radicalidad en nuestro compromiso evangélico es posible, podemos ir hasta Él sin miedo, porque Él nunca falla.