Lun
15
Oct
2012
Soy manso y humilde de corazón

Primera lectura

Lectura del libro del Eclesiástico 15,1-6:

El que teme al Señor obrará así, observando la ley, alcanzará la sabiduría. Ella le saldrá al encuentro como una madre y lo recibirá como la esposa de la juventud; lo alimentará con pan de sensatez y le dará a beber agua de prudencia; apoyado en ella no vacilará y confiado en ella no fracasará; lo ensalzará sobre sus compañeros, para que abra la boca en la asamblea; lo llena de sabiduría e inteligencia, lo cubre con vestidos de gloria; alcanzará gozo y alegría, le dará un nombre perdurable.

Salmo

Sal 88,2-3.6-7.8-9.16-17.18-19 R/. Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea te alabaré

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R/.

El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos? R/.

Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean. R/.

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Reflexión del Evangelio de hoy

El Libro del Eclesiástico, en la Primera Lectura, nos habla de la sabiduría, incluyendo en ella la que tuvo, vivió y practicó Santa Teresa. Quien la posee, busca, como Teresa, la armonía en su vida, la coincidencia de nuestra manera de pensar y sentir con la de Dios.
En el Evangelio, Jesús bendice a su Padre y le da gracias por su forma de entregar la sabiduría a los que, aparentemente no cuentan, o al menos no tanto como los “importantes” de este mundo, a quienes se les oculta este divino saber. Teresa pertenece a los “pequeños”, a la gente sencilla a quienes Dios ha revelado “estas cosas”.

  •  “De devociones absurdas y santos amargados, líbranos, Señor”

Una de tantas frases memorables de la Santa de Ávila, que descifra y esclarece su personalidad, su forma de ser y conducirse en la vida. Sumamente espiritual y extraordinariamente humana. Hay que ser devotos, pero no sirve cualquier devoción, porque las había en su tiempo absurdas, y así las sigue habiendo. Santa Teresa anduvo buscando los mejores teólogos para ella y para sus hijas, porque de la doctrina que estos impartieran se seguía la espiritualidad personal. Teresa fue siempre muy prudente, muy cauta ante los halagos y ante los desprecios, que de todo hubo, hasta dar lugar al discernimiento, don y fruto del Espíritu Santo.

Tuvo muy en cuenta, también, que “un santo triste es un triste santo”, y por eso escribió lo de los “santos amargados”. Quizá sería más propio hablar de los “amargados” que se las dan de santos. Teresa, en su profunda humanidad, cultiva lo más bello y profundo que tenemos los humanos. En la búsqueda de lo bello y lo verdadero, fue –y es- poetisa, y sus poesías rezuman alta espiritualidad, profunda humanidad y un gran ingenio artístico y literario. En su vida personal, aparece como una mujer con gran sentido común. Con éstas y otras muchas cualidades, trabajó incansablemente a lo largo de su vida: reformó la vida carmelitana; fundó 15 monasterios nuevos de Hermanas; escribió sus reformas y, como indicaba antes, bellísimas poesías. Decididamente, no fue una “santa amargada”.

  • “Sólo Dios basta”

De esta forma puso Teresa en poesía aquella otra poesía de Jesús que proclamamos hoy en el Evangelio: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados”. Igual que lo que había dicho a la Samaritana junto al Pozo de Sicar: “El agua que yo le diere, se hará en él una fuente que salta hasta la vida eterna” (Jn 4,14). Que éste sea hoy el marco de referencia para encuadrar a Santa Teresa, uno entre tantos como hubiéramos podido escoger: “Nada te turbe, nada te espante, Dios no se muda. La paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta”. El Dios que se ofreció para ser el descanso de Teresa y ahora se ofrece para ser el nuestro, sólo con que vayamos a él, que, además, es manso y humilde de corazón.