Jue
29
Abr
2010

Evangelio del día

Cuarta semana de Pascua

Yo te bendigo Padre porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños.

Santa Catalina de Siena

Santa Catalina de Siena

Fue una laica dominica y maestra espiritual con una especial capacidad de leer el interior de las personas e ir a la raíz de los problemas. Su misión en la reforma de la Iglesia, dividida por el cisma, y en la reforma de la Orden de Predicadores fue muy eficaz. Es reconocida como doctora de la Iglesia y copatrona de Europa.

Pero, ¿quién fue Catalina de Siena? Catalina nació en el año 1347, el 25 de marzo, día de la Anunciación de la Virgen, que ese año, coincidía con el Domingo de Ramos[1], en una casa de la calle de los Tintoreros, en el barrio de Fontebranda. Sus padres Jacobo Benincasa, tintorero de pieles, hombre devoto, de quien heredó la piedad sincera y la dulzura,  y de Lapa Piacenti, de la que heredó la energía y el tesón, aunque hay que reconocer que de manera más virtuosa. Matrimonio honrado que vivía holgadamente.

Catalina que tuvo una hermana gemela Giovanna, que murió poco después, es la vigésima cuarta hija de los veinticinco hijos que tuvieron sus padres. Su madre pudo criarla personalmente, cosa que no pudo hacer con los otros hijos a causa de sus frecuentes partos. Esto, en cierta manera la vinculó más a su hija, queriendo ejercer en ella una influencia excesiva.

Coinciden sus biógrafos en destacar que era una niña alegre y bulliciosa, y en que su encanto le hacía ser el centro del cariño del círculo familiar y de las amistades. Entre el año 1353-1354, cuando contaba con cinco o seis años, hay un hecho significativo en su vida, lo que la teología moderna llama “la experiencia fundante.”[2] Tiene una visión de Jesucristo, y poco después hace su voto de virginidad. Pero sobre esto volveremos.

A partir de entonces y hasta los 15 años lleva una vida de oración intensa y de sacrificios. Esto acompañado por la lucha familiar por encontrarle marido y su resistencia.

Un año más tarde ingresa como Mantellate, o Hermanas de la Penitencia de Santo Domingo. Estos años se caracterizan por una intensa vida espiritual, en la que se afianza su relación con Jesucristo, y su fe se ve acrisolada por las sutiles tentaciones.

Sufre difamaciones y calumnias. Se va creando su familia espiritual: Se convierte en consejera de religiosos y nobles, laicos y gente de toda condición.

A la edad de 20 años, tiene la experiencia del desposorio místico con Jesucristo, que la confirma en su fidelidad. Tres años más tarde, cree haber muerto, y despierta con la claridad de los nuevos senderos que le manifestó Dios: Su espíritu experimenta una imperiosa sed de la gloria de Dios y se acrisola su amor a la Iglesia. En esta etapa de madurez, 1371-1372, comienza su actividad política debiendo salir a la luz pública.

Ante su fama creciente, el Capítulo de la Orden de Predicadores reunido en Florencia, la llama para examinarla, y se le asigna como director a Raimundo de Capua, dominico que llegaría a ser Maestro de la Orden y discípulo de la santa. Regresa a Siena –1374- y se dedica en cuerpo y alma a la atención a los enfermos a causa de la Peste Negra. Hasta su muerte será embajadora de la paz entre las ciudades italianas entre sí, y de éstas con el Papa. Intercedió para que éste regresara a Roma.

El 29 de abril de 1380, muere en Roma, ofreciendo su vida por la Iglesia que está dividida por el Cisma de Occidente.

Sor Lucía Caram, O. P.


[1]Jörgensen, dice que mientras en la Iglesia resonaba el “bendito el que viene en nombre del Señor”, de la liturgia de ese día, la Iglesia, saludaba a la más ilustre hija de Siena, a la más amante esposa de Cristo, Benedicta quae venit.... Santa Catalina de Siena, Fontis, Buenos Aires p.31.

[2]Irrupción de Dios en la vida humana, en la existencia personal. Experiencia marca la vida de tal forma que podemos hablar de un antes y un después. La experiencia fundante, es una experiencia contemplativa.

Liturgia de la fiesta

Oración colecta

Oh Dios, que hiciste a santa Catalina
arder de amor divino
en la contemplación de la pasión de tu Hijo
y en su entrega al servicio de la Iglesia;
concédenos, por su intercesión,
vivir asociados al misterio de Cristo
para que podamos llenarnos de alegría
con la manifestación de su gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.

O bien:

Oh Dios, que por medio de santa Catalina
nos has enseñado a llegar
al conocimiento admirable de tu verdad
en el conocimiento de nosotros en ti
y de ti en nosotros;
concédenos por su intercesión
progresar en conocerte con tal fidelidad
que podamos amarte y servirte
cada día con mayor perfección.
Por nuestro Señor Jesucristo...

Oración de los fieles

Celebrante:

Con oración unánime
presentemos al Señor nuestras súplicas,
confiando que nos escuchará con bondad.

Por los que se han consagrado a Dios en el servicio a la Iglesia y a los hermanos, para que perseveren en su esfuerzo y colaboren con generosidad a la edificación del reino de Cristo. Roguemos al Señor.
R/ Te lo pedimos, Señor.

Por los pueblos más necesitados de bienes espirituales y materiales, para que una división justa de los bienes de la tierra les ayude a construir su propio desarrollo. Roguemos al Señor.

Por todos los que necesitan nuestra ayuda, para que a nadie falte nuestra oración y caridad fraterna. Roguemos al Señor.

Por las religiosas de la Orden de Predicadores, para que, siguiendo a santa Catalina de Siena, se dediquen a la extensión de la Palabra de Dios y al servicio generoso de la Iglesia y de la sociedad. Roguemos al Señor.

Por los que nos reunimos en esta celebración, para que la Eucaristía en la que participamos nos haga sensibles a la alegría y a la necesidad de aquellos con quienes convivimos cada día. Roguemos al Señor.

Celebrante:
Escucha, Señor, la oración de tus hijos
y concédenos desear lo que te agrada
y aceptar con amor lo que nos concedes.
Por Cristo nuestro Señor.
R/ Amén.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Señor, el sacrificio de salvación,
que te ofrecemos en la fiesta de santa Catalina;
que ella nos instruya con sus enseñanzas
para que podamos darte gracias con mayor fervor.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Prefacio

V/ El Señor esté con vosotros.
R/ y con tu espíritu.
V/ Levantemos el corazón.
R/ Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V/ Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/ Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre Santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Y proclamar tus alabanzas en la fiesta
de la virgen y doctora santa Catalina,
a quien diste conocer
tus inescrutables secretos
y arder siempre de inmenso amor a tu Iglesia.
Ella te contempló en su continua oración
y con celo buscaba
devolver la unidad
donde había habido discordia.
Siempre humilde y obediente
exigía a la Iglesia de Cristo,
que, recordando su misión,
viviese siempre como fiel esposa suya
para presentarse ante ti sin mancha y sin arruga
al final de los tiempos.
Por eso con ella,
junto con todos los ángeles y sus compañeros los santos,
proclamamos gozosos tu gloria,
cantando a una sola voz:
Santo, Santo, Santo...

Oración después de la comunión

Señor, el alimento del cielo,
que hemos recibido
y que fue el sustento
de la vida de santa Catalina en este mundo,
sea para nosotros
prenda de gloria eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Más información en nuestra página de Grandes Figuras: Santa Catalina de Siena