Lun
1
Feb
2010
Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia.

Primera lectura

Lectura del segundo libro de Samuel 15,13-14.30;16,5-13ª

En aquellos días, uno llevó esta noticia a David: "Los israelitas se han puesto de parte de Absalón." Entonces David dijo a los cortesanos que estaban con él en Jerusalén: "¡Ea, huyamos! Que, si se presenta Absalón, no nos dejará escapar. Salgamos a toda prisa, no sea que él se adelante, nos alcance y precipite la ruina sobre nosotros, y pase a cuchillo la población." David subió la Cuesta de los Olivos; la subió llorando, la cabeza cubierta y los pies descalzos. Y todos sus compañeros llevaban cubierta la cabeza y subían llorando. Al llegar el rey David a Bajurín, salió de allí uno de la familia de Saúl, llamado Semeí, hijo de Guerá, insultándolo según venía. Y empezó a tirar piedras a David y a sus cortesanos -toda la gente y los militares iban a derecha e izquierda del rey-, y le maldecía: "¡Vete, vete, asesino, canalla! El Señor te paga la matanza de la familia de Saúl, cuyo trono has usurpado. El Señor ha entregado el reino a tu hijo Absalón, mientras tú has caído en desgracia, porque eres un asesino."
Abisay, hijo de Seruyá, dijo al rey: "Ese perro muerto, ¿se pone a maldecir a mi señor? ¡Déjame ir allá, y le corto la cabeza!" Pero el rey dijo: "¡No os metáis en mis asuntos, hijos de Seruyá! Déjale que maldiga, que, si el Señor le ha mandado que maldiga a David, ¿quién va a pedirle cuentas?" Luego dijo David a Abisay y a todos sus cortesanos: "Ya veis. Un hijo mío, salido de mis entrañas, intenta matarme, ¡y os extraña ese benjaminita! Dejadlo que me maldiga, porque se lo ha mandado el Señor. Quizás el Señor se fije en mi humillación y me pague con bendiciones estas maldiciones de hoy." David y los suyos siguieron su camino.

Salmo

Sal 3,2-3.4-5.6-7 R/. Levántate, Señor, sálvame

Señor, cuántos son mis enemigos,
cuántos se levantan contra mí;
cuántos dicen de mí:
"Ya no lo protege Dios." R.

Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,
tú mantienes alta mi cabeza.
Si grito, invocando al Señor,
él me escucha desde su monte santo. R.

Puedo acostarme y dormir y despertar:
el Señor me sostiene.
No temeré al pueblo innumerable
que acampa a mi alrededor. R.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 5,1-20

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a la orilla del lago, en la región de los gerasenos. Apenas desembarcó, le salió al encuentro, desde el cementerio, donde vivía en los sepulcros, un hombre poseído de espíritu inmundo; ni con cadenas podía ya nadie sujetarlo; muchas veces lo habían sujetado con cepos y cadenas, pero él rompía las cadenas y destrozaba los cepos, y nadie tenía fuerza para domarlo. Se pasaba el día y la noche en los sepulcros y en los montes, gritando e hiriéndose con piedras. Viendo de lejos a Jesús, echó a correr, se postró ante él y gritó a voz en cuello: "¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Por Dios te lo pido, no me atormentes." Porque Jesús le estaba diciendo: "Espíritu inmundo, sal de este hombre." Jesús le preguntó: "¿Cómo te llamas?" Él respondió: "Me llamo Legión, porque somos muchos." Y le rogaba con insistencia que no los expulsara de aquella comarca.
Había cerca una gran piara de cerdos hozando en la falda del monte. Los espíritus le rogaron: "Déjanos ir y meternos en los cerdos." Él se lo permitió. Los espíritus inmundos salieron del hombre y se metieron en los cerdos; y la piara, unos dos mil, se abalanzó acantilado abajo al lago y se ahogó en el lago. Los porquerizos echaron a correr y dieron la noticia en el pueblo y en los cortijos. Y la gente fue a ver qué había pasado. Se acercaron a Jesús y vieron al endemoniado que había tenido la legión, sentado, vestido y en su juicio. Se quedaron espantados. Los que lo habían visto les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. Ellos le rogaban que se marchase de su país.
Mientras se embarcaba, el endemoniado le pidió que lo admitiese en su compañía. Pero no se lo permitió, sino que le dijo: "Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo por su misericordia." El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; todos se admiraban.

Reflexión del Evangelio de hoy

Espíritu inmundo, sal de este hombre

Fueron duros los últimos días del reinado de David. No fue sólo la familia de Saúl, su propia familia se levantó contra él. Es duro que el éxito que se puede tener a escala de nación se vea truncado porque en la propia familia surgen enemigos. La ambición no respeta ni los lazos de sangre. ¡Cuantas veces vemos esto en las familias, sobre todo a la hora de atender a padres enfermos y ancianos o ante el reparto de la herencia!

Y es que “el enemigo lo tenemos dentro”. Dentro de las familias y en cada uno de nosotros. Los espíritus inmundos no están lejos de nosotros. Necesitamos exorcizarlos.

Los gerasenos rechazan a Jesús porque, sí ha salvado a un paisano de ellos, pero ha echado a perder su ganadería, sus cerdos. Jesús ante ese rechazo, se embarca y se aleja de ellos.

El episodio que nos relata Marcos es curioso. Tiene fuerza escénica. Pero no deja de ser un tanto insólito. Insólito también es que Jesús rechace que en su barca al hombre sanado. Prefiere que vaya a los suyos y les comunique lo que el Señor ha hecho misericordiosamente con él. Y lo hizo hasta provocar la admiración de quien le escuchaban.

Es un episodio en el que aparecen sentimientos de espanto, de rechazo, de admiración. En cualquier caso de sorpresa, de incomprensión. Todo lo que produce lo inesperado. Podemos decir que inesperado es para nosotros que Jesús atienda los deseos de los espíritus inmundos. Pero hemos de aceptar que, ante la liberación de un ser humano de lo que le deshumaniza, no le importe a Jesús la pérdida material que sufre los gerasenos. Quedémonos, al menos, con esa jerarquía que establece Jesús entre el ser humano y los bienes materiales. ¡Que no es poco! ¡Cuántos seres humanos se venden, se ultrajan, se abandonan por la búsqueda y conservación de los bienes! ¡Incluso dentro de la familia!