Sáb
6
Feb
2010
Al Señor le agradó.

Primera lectura

Lectura del primer libro de Reyes 3,4-13

En aquellos días, Salomón fue a Gabaón a ofrecer allí sacrificios, pues allí estaba la ermita principal. En aquel altar ofreció Salomón mil holocaustos. En Gabaón el Señor se apareció en sueños a Salomón y le dijo:
«Pídeme lo que quieras.»
Respondió Salomón:
«Tú le hiciste una gran promesa a tu siervo, mi padre David, porque caminó en tu presencia con lealtad, justicia y rectitud de corazón; y le has cumplido esa gran promesa, dándole un hijo que se siente en su trono: es lo que sucede hoy. Pues bien, Señor, Dios mío, tú has hecho que tu siervo suceda a David, mi padre, en el trono, aunque yo soy un muchacho y no sé desenvolverme. Tu siervo se encuentra en medio de tu pueblo, un pueblo inmenso, incontable, innumerable. Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien, pues, ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?»
Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, y Dios le dijo:
«Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti. Y te daré también lo que no has pedido: riquezas y fama, mayores que las de rey alguno.»

Salmo

Sal 118, 9. 10. 11. 12. 13. 14 R. Enséñame, Señor, tus leyes.

¿Cómo podrá un joven andar honestamente?
Cumpliendo tus palabras. R.

Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos. R.

En mi corazón escondo tus consignas,
así no pecaré contra ti. R.

Bendito eres, Señor,
enséñame tus leyes. R.

Mis labios van enumerando los mandamientos de tu boca.
Mi alegría es el camino de tus preceptos. R.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 30-34

En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Él les dijo:
-«Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco. »
Porque eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado.
Muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma.

Reflexión del Evangelio de hoy

“Al Señor le agradó” la actitud de Salomón, que, en lugar de pedir para sí mismo, entiende quién es, cuál es su situación en la vida –es el monarca de un gran pueblo–  y solicita a Dios lo que le ayudará a dirigirlo mejor: sabiduría. ¿Acaso no la tenía ya? Porque en la propia intercesión el rey es consciente de su propia realidad, conoce las necesidades de los suyos y por ello pide aquello que necesita para servirles mejor. Se nos insiste pues hoy en la eficacia de la oración de intercesión, pues cuando pedimos algo con justicia, con franqueza, y más aún, olvidándonos de nosotros mismos y poniendo en el centro a los demás, “los resultados son más eficaces” –si es que se puede medir en términos de eficacia y resultados lo que Dios, Padre y Madre hacen con cada uno de nosotros–.

    Es interesante saber que ha habido y posiblemente hay gobernantes que deciden hacer las cosas de este modo: gobernar con lealtad, rectitud de corazón, y anteponiendo un corazón dócil a una mano férrea. Ojalá hubiera más de estos. Mientras tanto, a quienes no estamos en puestos de responsabilidad tan altos –ni en el mundo civil, ni en el seno de la Iglesia– se nos sigue ofreciendo la Sabiduría que viene de Dios para llevar a cabo nuestra vida de este modo.
Sabiduría es el propio Jesús. Él sabe colocar en el centro a los hombres y mujeres que lo buscan y desean que les enseñe. Conoce y es consciente de que el sentido de su “estar en el mundo” es ese y ningún otro.

Y por eso es capaz de atraer a sus más cercanos al silencio y la tranquilidad, más allá de la excitación por las cosas que han hecho, el deseo de estar con Él y de contarse y contarle. Y no porque no esté bien encontrarse con aquellos a quienes queremos, dedicar tiempo a estar juntos, y compartir-nos. Al contrario. Posiblemente sea una de las mejores cosas que podemos y debemos hacer los unos por los otros. Pero para Jesús, –como para Domingo de Guzmán siglos después, imitando a su Maestro– que los seres humanos anden “como ovejas sin pastor” es motivo de tristeza. Pero no de esa que nos paraliza y nos deja clavados en el sitio. Sino de esa COMPASIÓN que nos mueve, nos saca de nosotros mismos, nos lleva a los y las otras.