Sáb
23
Mar
2013

Evangelio del día

Quinta semana de Cuaresma

Haré de ellos una sola nación en la Tierra

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 21-28

Esto dice el Señor Dios:
«Recogeré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra. Los hará una sola nación en mi tierra, en los montes de Israel. Un solo rey reinará sobre todos ellos. Ya no serán dos naciones ni volverán a dividirse en dos reinos
No volverán a contaminarse con sus ídolos, sus acciones detestables y todas sus transgresiones. Los liberaré de los lugares donde habitan y en los cuales pecaron. Los purificaré; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.
Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis preceptos, cumplirán mis prescripciones y las pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en la que habitaron sis padres: allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre, y mi siervo David será su príncipe para siempre
Haré con ellos una alianza de paz, una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y reconocerán las naciones que yo soy el Señor que consagra Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos para siempre».

Salmo

Jer 31, 10. 11-12ab. 13 R/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla a las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño. R/.

Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 45-57

En aquel tiempo,muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.
Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.
Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Haré de ellos una sola nación en la Tierra”

En la primera lectura el profeta Ezequiel anuncia la restauración mesiánica de Israel después de los sufrimientos del Exilio. Es la continuidad de la promesa hecha a los patriarcas, a Moisés, a David. Dios establecerá una Alianza nueva y definitiva de paz y de bienestar con su pueblo.

La Iglesia tiene la misión de anunciar y hacer vida esta Alianza a todos los pueblos de la Tierra para que realmente, desde el Amor, Dios se haga Todo en todos desterrando de los corazones de los hombres los falsos ídolos que nos desorientan, nos dividen y nos oprimen.

  • “Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él”

Tras el signo impresionante de la Resurrección de Lázaro, hay un desconcierto general entre los representantes de la religión judía y el miedo a una Fe liberadora se hace evidente en la “profecía” de Caifás en la que anuncia la Salvación definitiva gracias a la Muerte de Cristo. Pero ni él ni la élite religiosa es capaz de descubrir la verdadera “conveniencia” de dar la Vida por Amor y hacerlo en una cruz infamante tal como propondrán a los romanos.

En el Evangelio aparece la Misión Universal de Salvación de Jesús, una Salvación que será molesta, incómoda para los que no quieren cambiar nada porque tienen miedo a un Dios siempre nuevo. Prefieren a su propio dios, que se conforma con el régimen establecido y así prefieren seguir en su mediocridad que les impide ver en Jesucristo al Hijo del Dios de la Alianza, dispuesto a ofrecer su vida también por ellos.

La Salvación que ofrece Jesús en incondicional, abarca a todos los hombres y tiene su “Hora” y su “Lugar”, que no serán decididos por los poderosos, sino por Dios en un Acto de Amor incontestable y clarividente aun en las tinieblas del Calvario creado por los intereses humanos.