Sáb
27
Mar
2010

Evangelio del día

Quinta semana de Cuaresma

¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?

Primera lectura

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 21-28

Esto dice el Señor Dios:

«Recogeré a los hijos de Israel de entre las naciones adonde han ido, los reuniré de todas partes para llevarlos a su tierra. Los hará una sola nación en mi tierra, en los montes de Israel. Un solo rey reinará sobre todos ellos. Ya no serán dos naciones ni volverán a dividirse en dos reinos.

No volverán a contaminarse con sus ídolos, sus acciones detestables y todas sus transgresiones. Los liberaré de los lugares donde habitan y en los cuales pecaron. Los purificaré; ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.

Mi siervo David será su rey, el único pastor de todos ellos. Caminarán según mis preceptos, cumplirán mis prescripciones y las pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que yo di a mi siervo Jacob, en la que habitaron sis padres: allí habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre, y mi siervo David será su príncipe para siempre.

Haré con ellos una alianza de paz, una alianza eterna. Los estableceré, los multiplicaré y pondré entre ellos mi santuario para siempre; tendré mi morada junto a ellos, yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y reconocerán las naciones que yo soy el Señor que consagra Israel, cuando esté mi santuario en medio de ellos para siempre».

Salmo de hoy

Jer 31, 10. 11-12ab. 13 R/. El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla a las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como un pastor a su rebaño. R/.

Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte».
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R/.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 45-57

En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.

Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».

Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».

Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.

Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.

Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».

Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Reflexión del Evangelio de hoy

El dios que nos presenta Jesús juega a seducirnos, a reunirnos desde todos los puntos distantes y a acercarnos hasta su presencia. Suena bien la invitación, verdad? Además, su atracción no es solo llamada, sino que quiere que volvamos a encontrarnos con nuestro ser más íntimo. Dice que nos llevará a “nuestro propio suelo”. El dios-seducción no parece conformarse con un cambio de lugar sino que quiere también que nos re-encontremos con nosotros. Su seducción así permite que nos situemos de nuevo.

Como es habitual, en esta sabiduría divina la proposición es, una vez más, también hacia la comunidad. En ella vivimos personas muy distintas pero su presencia, a veces, nos hace recordar que hemos de “multiplicarnos”. No creemos que se trate de aumentar en número sino más bien de ser de otros modos. Estamos convencidos de que hemos de instalarnos en su profecía, en su libertad y en su justicia compasiva. Pero lo cierto es que no suele ser nuestra carta de presentación. A pesar de nuestra debilidad buscamos recrear su compromiso hacia nosotros y nosotras. Ese modo de comprender a Dios nos impulsa a seguir caminando en nuestras tareas y nos recuerda que necesitamos espacios comunitarios, eclesiales y sociales también plurales y abiertos. Nos parece que este es un buen modo de transitar hacia la Pascua.

Un hermano de nuestra comunidad se empeña de manera insistente en recordarnos al resto que: “vivimos ya como salvados”. Gracias a su constancia comprendemos mejor algo de lo que para nosotros supone este camino de Cuaresma cuyo fin es la vida nueva en Jesucristo. De todos modos, a pesar de su constancia en este mensaje liberador, algunos de nosotros seguimos preguntándonos lo mismo que dice el evangelio: “¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta o no?”. Quizá es que no hemos captado del todo la gravedad que suponía en esos momentos su cercanía en la fiesta de la Pascua, de la ciudad de Jerusalén. Hoy, también sigue corriendo la misma suerte, en mujeres en prostíbulos de Filipinas, en las personas que todo lo han perdido en los últimos seísmos, en todos aquellos a los que la llamada crisis financiera está pasando una factura indigna o a los que viven condenados bajo una crisis permanente por nacer en países malditos.

Así que también en estos momentos volvemos a cuestionarnos si Jesús acudirá y nos encontrará instalados.