Mar
19
Mar
2013

Evangelio del día

Quinta semana de Cuaresma

La madre de Jesús estaba desposada con José…, que era bueno

Primera lectura

Lectura del segundo libro de Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: -«Ve y dile a mi siervo David: "Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre." »

Salmo

Sal 88 R. Su linaje será perpetuo.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R.

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.» R.

Él me invocará:
«Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 13. 16-18. 22

Hermanos: No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que, no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» Por lo cual le valió la justificación.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: Maria, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: -«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Cuando José se despertó, hizo lo que le habla mandado el ángel del Señor.

Reflexión del Evangelio de hoy

Sin lugar a dudas, San José es el santo más popular del santoral cristiano, aunque no podamos decir de él muchas cosas, ya que históricamente sólo conocemos algunos detalles, muy pocos, de su cercanía a Jesús y a María, las raíces más profundas y auténticas, por otra parte, de la santidad. Lo demás, leyendas, relatos apócrifos, cosas que pudieron ser ciertas, pero que también pudieron ser sólo piadosas elucubraciones.

San José no es de esos santos vestidos de santos desde que nacen hasta que mueren. Hizo sólo lo que tenía que hacer y lo hizo bien, como tenía que hacerlo; tan bien que apenas se le notó. Y estuvo y se mantuvo donde tenía que estar, sin renunciar a lo que en todo momento creyó que era la voluntad de Dios.

  •  José, hombre justo

San José parece que fue carpintero o, mejor, artesano, en Nazaret, un pueblo entonces y ahora muy pequeño. Pero, no conservamos ninguna obra suya. Ningún discurso, como el de Juan Bautista; ninguna oración, como la de Zacarías; ningún cántico. Nada. Algunas apariciones de ángeles, y siempre en sueños, y poco más.

Apenas cuenta su identidad, prevaleciendo su relación: es el esposo de, el padre de, el patriarca de, el protector de… Como si no contara tanto lo suyo cuanto lo que tenía entre manos y a su cuidado. Un hombre enredado en su relación.

Pero, entre las poquísimas cosas que se dicen de él, hay una que vale por todas: “José, su esposo, siendo bueno, siendo justo…” José era un hombre bueno, un hombre cabal, una persona de bien. José era un santo, una de esas personas que a todos nos gustaría tener como compañero de ruta y de trabajo. Un hombre de fiar. Aunque sólo supiéramos esto de José ya sabíamos mucho, quizá lo más importante.

  •  Sueños y decisiones que complican la vida

José “nace”, evangélicamente hablando, al desposarse con María. Por eso, no es posible pensar y hablar de José sin hacerlo al mismo tiempo de María con quien se desposa.

María, al ser Inmaculada, es tan buena que no se plantea problemas en compaginar su deseo de vivir virgen y su decisión de desposarse con José. Piensa que eso es la voluntad de Dios y Dios sabrá lo que hace. Por su parte, lo que rige y regirá su vida entera es el “hágase en mí según tu Palabra”.

José, sin embargo, no es inmaculado y no desconoce la oposición entre el matrimonio y la virginidad. Él ha escogido el matrimonio, no la vida religiosa, y para él los desposorios son el preludio de un matrimonio normal. Pero, los planes de Dios son distintos. Ve a María embarazada, y no desconfía de ella; desconfía de él, porque no lo entiende. Y, amando profundamente a Dios –era justo-, y amando profundamente a María, a quien había escogido por esposa, decide retirarse. Piensa atinadamente que Dios anda por el medio, y él no calza el número que se necesita para continuar unos planes que no entiende y que no sabe a qué ni a dónde conducen.

Hasta ahí, José. Y desde ahí, Dios, en medio de un sueño y por mediación de un ángel, para manifestarle sus planes y caminos sobre su vida con María, que, lógicamente, él ni sospechaba. José no lo entiende. Presiente, además, que su vida no va a ser tan fácil como él esperaba. Pero, es Dios quien se lo pide; y además, vivirá con María, a quien ama como a nadie en la tierra.

  • La moda de no estar a la moda

José, lo que significa su persona y su papel en el hogar y en la vida de María, siendo sinceros, no está de moda. José, según el Evangelio, es el “justo”, el bueno, el santo; según la liturgia, el ejemplo de fe y confianza en Dios, en su esposa, María, y en su “Hijo”, Jesús. Esto no es lo que sobresale en el mundo que nos toca vivir. Estos no son los temas que predominan en los medios. Estas no son las virtudes, tras de las cuales, corremos los humanos. No, la justicia, bondad, santidad, fe y confianza de José no es lo que más abunda entre nosotros.

Y, siendo sinceros, también hay que reconocer que hay muchas personas buenas, justas y santas. Hay muchos y muchas que se fían de Dios y confían en él y en María. Personas modélicas a todos los niveles, como José y, salvando las distancias, María. Personas que sueñan con la justicia y con la bondad, con más humanidad, más solidaridad, más fraternidad, más gratuidad. Personas que tampoco entienden sus sueños, pero se sienten atraídos por lo que Dios trata de manifestar a través de ellos. Estas personas son un marco de referencia para los que quieren vivir su integridad en medio de un mundo demasiado cargado de corrupción, de inseguridad y de egoísmo.

Hoy san José nos anima a unirnos a la “moda” de hablar de justicia, de autenticidad, de solidaridad, aunque estas virtudes no brillen por su existencia sino sólo por la moda de hablar de ellas como de una necesidad cada vez más destacada y dominante, quizá por su ausencia. Somos de los soñadores que, como José, quisiéramos vivir estos sueños y estas virtudes de una forma sencilla, callada y, a la vez, tan eficaz como la sal y la levadura en la masa. Aunque viviéndolo “no estemos de moda”, ésta es hoy nuestra apuesta, recordando y celebrando a San José.