Mar
12
Oct
2010
Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen

Primera lectura

Lectura del primer libro de las Crónicas 15,3-4. 15-16;16,1-2:

En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todos los israelitas, para trasladar el arca del Señor al lugar que le habla preparado. Luego reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas se echaron los varales a los hombros y levantaron en peso el arca de Dios, tal como habla mandado Moisés por orden del Señor. David mandó a los jefes de los levitas organizar a los cantores de sus familias, para que entonasen cantos festivos acompañados de instrumentos, arpas, cítaras y platillos. Metieron el arca de Dios y la instalaron en el centro de la tienda que David le habla preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión a Dios y, cuando David terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Salmo

Sal 26,1.3.4.5 R/. El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. R/.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

El me protegerá en su tienda el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»
Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • ¿Qué guardamos y rumiamos en nuestro corazón?

Según la tradición, la Virgen se apareció al apóstol Santiago en Zaragoza. Como signo de su presencia trajo una columna o pilar. Éste es el origen de la advocación de la Virgen del Pilar.
Además de la alabanza que Jesús hace de su madre, de manera indirecta, en el evangelio de hoy, porque nadie mejor que ella escuchó la palabra de Dios y la cumplió, podemos apoyarnos en lo que el evangelista Lucas dice de ella: “guardaba todo esto y lo meditaba en su corazón”, para hacernos alguna pregunta. Lo que guardaba y meditaba María en su corazón eran todas las cosas que sucedían en torno a su Hijo Jesús. ¿Qué guardamos y rumiamos nosotros en nuestro corazón? Con harta frecuencia guardamos y rumiamos todo lo malo que nos ha sucedido en la vida, guardamos también los brotes crecidos de maldad que anidan en él, como envidias, celos, agresividades, egoísmos, rencores… El resultado es claro: un corazón agriado por el mal. Y como sabemos que “de la abundancia del corazón habla la lengua” y que de él proceden todas nuestras acciones… el mal reina en nuestra vida, en nuestro pensar y en nuestro actuar.
María nos invita a algo bien distinto. Nos invita a que guardemos en nuestro corazón a su hijo Jesús y que le dejemos actuar en él. El irá, poco a poco, moldeando nuestro corazón a su corazón, moldeando nuestros pensamientos, sentimientos a los suyos y, como consecuencia de ello, nuestras obras también irán en la línea de Cristo Jesús. Pidamos a nuestra madre María, la Virgen del Pilar, que guardemos y meditemos en nuestro corazón lo mismo que ella.