Sáb
12
Oct
2019
Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen

Primera lectura

Lectura del primer libro de las Crónicas 15,3-4. 15-16;16,1-2:

En aquellos días, David congregó en Jerusalén a todos los israelitas, para trasladar el arca del Señor al lugar que le habla preparado. Luego reunió a los hijos de Aarón y a los levitas. Luego los levitas se echaron los varales a los hombros y levantaron en peso el arca de Dios, tal como habla mandado Moisés por orden del Señor. David mandó a los jefes de los levitas organizar a los cantores de sus familias, para que entonasen cantos festivos acompañados de instrumentos, arpas, cítaras y platillos. Metieron el arca de Dios y la instalaron en el centro de la tienda que David le habla preparado. Ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión a Dios y, cuando David terminó de ofrecerlos, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Salmo

Sal 26,1.3.4.5 R/. El Señor me ha coronado, sobre la columna me ha exaltado

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. R/.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

El me protegerá en su tienda el día del peligro;
me esconderá en lo escondido de su morada,
me alzará sobre la roca. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 11,27-28

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a la gente, una mujer de entre el gentío levantó la voz, diciendo: «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron.»
Pero él repuso: «Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen

En esta fiesta de la Virgen del Pilar, las lecturas aluden a María en tres pasajes distintos. En los Hechos de los Apóstoles, vemos a María, después de la ascensión de Jesús al cielo, junto con los once apóstoles, reunidos en una casa de Jerusalén: “Todos ellos se dedicaban a la oración en común”. Como el pueblo cristiano siempre hemos exaltado a María, la Madre de Dios y nuestra Madre, y la hemos subido al cielo muy pronto, se nos hace raro verla orar con los apóstoles en estos momentos digamos de despedida de Jesús. A nosotros nos corresponde copiar e imitar a María en su actitud de orar junto a los amigos de Jesús. Nunca hemos de cansarnos, en las diversas circunstancias por las que atraviese nuestra vida, de elevar nuestro corazón en unión con nuestros hermanos a nuestro Padre Dios… el que siempre tiene sus oídos y su corazón abiertos para nosotros. 

Desde que Jesús inició su vida pública, dedicándose a la predicación de la buena noticia que nos traía, que solía acompañar con signos especiales, muchos de sus oyentes quedaban prendados por Él. Su voz era distinta de las que habían oído hasta entonces, lo que decía llegaba y llenaba del corazón de sus oyentes. En uno de esos momentos, “mientras Jesús hablaba a las turbas”, una mujer, dejándose llevar por la natural espontaneidad femenina, aludió a María y su gran suerte de haber sido la madre de Jesús:“¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!”. Los cristianos de todos los tiempos siempre hemos reconocido “las obras grandes” con las que el Señor favoreció a María. Empezando por el inigualable privilegio de su maternidad divina.

Ante la alborozada exclamación de esta mujer en torno a María, Jesús repuso: “Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen!”. Hay que repetir, lo que ya sabemos. Estas palabras de Jesús no rebajan para nada la grandeza de María, su madre. Porque nadie como María supo escuchar la palabra del Señor y cumplirla. María estaba bien dispuesta para escuchar a Dios. De esta manera pudo escuchar lo que Dios le pedía a través del ángel Gabriel. Y después del susto y asombro inicial ante tan grandiosa propuesta “pero ¿cómo puede ser esto?”, María aceptó la voluntad de Dios  “He aquí la esclava del Señor. Hágase en mi según tu voluntad”.

En esta fiesta de María, en su advocación de la Virgen del Pilar, le podemos pedir que copiemos y vivamos su actitud, que afine bien nuestro oídos para escuchar los mensajes que Dios nos envía y que nos dé la fuerza suficiente para cumplir siempre lo que nos proponga.