Mié
10
Feb
2010
Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre .

Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 10, 1-10

En aquellos días, la reina de Saba oyó la fama de Salomón, en honor del nombre del Señor y vino a ponerlo a prueba con enigmas.
Llegó a Jerusalén con una gran fuerza de camellos portando perfumes, oro en cantidad y piedras preciosas.
Ante Salomón se presentó para plantearle cuanto había ideado El rey resolvió sus preguntas todas; pues no había cuestión tan arcana que él no pudiese desvelar. Cuando la reina de Saba percibió la sabiduría de Salomón, el palacio que había construido, los manjares de su mesa, las residencias de sus servidores, el porte y vestimenta de sus ministros, sus coperos y los holocaustos que ofrecía en el templo del Señor, se quedó sin respiración y dijo al rey:
«Era verdad cuanto oí en mi tierra acerca de tus enigmas y tu sabiduría. No daba crédito a lo que se decía, pero ahora he venido y mis propios ojos, lo han visto. ¡Ni la mitad me narraron! Tu conocimiento y prosperidad superan con mucho las noticias que yo escuché. Dichosas tus mujeres, dichosos estos servidores tuyos siempre en tu presencia escuchando tu sabiduría. Bendito sea el Señor, tu Dios, que se ha complacido en ti y te ha situado en el trono de Israel. Pues, por el amor eterno del Señor a Israel, te ha puesto como rey para administrar derecho y justicia».
Ofreció al rey ciento veinte talentos de oro y gran cantidad de esencias perfumadas y piedras preciosas. Jamás llegaron en tal abundancia perfumes como los que la reina de Saba dio a Salomón.

Salmo

Sal 36, 5-6. 30-31. 39-40 R/. La boca del justo expone la sabiduría

Encomienda tu camino al Señor,
confía en él, y él actuará:
hará tu justicia como el amanecer,
tu derecho como el mediodía. R/.

La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios,
y sus pasos no vacilan. R/.

El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados
y los salva porque se acogen a él. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 14-23

En aquel tiempo, llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo:
«Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.
Él les dijo:
«¿También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre y se echa en la letrina» (Con esto declaraba puros todos los alimentos).
Y siguió:
«Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Lo puro y lo impuro

Todas las generaciones, incluida la nuestra, han tenido y tienen sus “contaminantes”, sus tabúes, alimentos que se creía y se cree contaminan el cuerpo e  ideas que, ciertamente, contaminan el alma. Quizá el origen de los “alimentos impuros” de los judíos estuviera en razones higiénicas y sanitarias por su clima especialmente cálido. Unido esto a su especial predisposición a la dimensión religiosa, se explica el salto a la contaminación del alma a través del alimento puramente corporal.

No fue fácil el cambio de mentalidad que la enseñanza y la práctica de Jesús trajo consigo. Pedro tuvo dificultades; Pablo, también. Marcos vuelve a la carga con estas palabras de Jesús para intentar poner más luz y liberar a aquellos primeros cristianos de las ataduras de sus padres. “Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro. Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre”.  

  • Reciclar el corazón

Para empezar, hay que ser correctos y respetuosos, hay que ser honrados. Pero eso es algo tan frío que no se necesita ser cristiano para practicarlo. Eso puede ser una moral de mínimos para dar el salto a captar la enseñanza hoy de Jesús. Porque “lo que entra en el corazón –no en el vientre- y lo que sale del corazón, eso es lo que hace puro o impuro al hombre”. Y enumera algunos de los pecados, entonces más significativos.

Jesús, buen cardiólogo, nos pide que cuidemos el corazón. Que nos fijemos en las motivaciones de su Padre Dios en su actuación sobre nosotros, y que intentemos imitarle. Que no seamos duros, que no se nos vea crispados y enfadados, que no condenemos, que bendigamos siempre y, fruto de esa bendición, nos manifestemos acogedores y acogidos. No dudemos, para lograrlo, limpiar y duchar el corazón. “Danos, Señor, un corazón nuevo, un corazón puro. Renuévanos por dentro con espíritu firme”.

  •  Santa Escolástica

Nació el año 480, en Nursia, Italia. Su vida estuvo, desde siempre, desde antes de nacer, ligada a la de su hermano gemelo san Benito. Ambos, de forma distinta pero con igual intensidad, se consagraron a Dios desde jóvenes y, por medio de la vida religiosa, alcanzaron la santidad.

Por más conocido y manido que pueda resultar, no me resisto a transcribir uno de los últimos gestos, si no el último, de santa Escolástica, tal como nos lo relata san Gregorio. San Benito solía ir a ver y charlar con su hermana una vez al año. “En el último coloquio que tuvo lugar el primer jueves de cuaresma del año 547, Dios demostró que le agradaba más el gesto de afectuosa caridad que el cumplimiento riguroso de la regla. Escolástica le pidió a su hermano que permaneciese con ella, para que toda la noche hasta el día siguiente pudieran hablar de la alegría de la vida celestial. Ante la negativa de Benito, ella juntó las manos y permaneció en oración… Y, pocos instantes después, pareció que se abrían las cataratas del cielo: el aguacero y los truenos obligaron a Benito a desistir de regresar al monasterio. Pero le echó la culpa a la hermana que replicó: ‘Yo se lo pedí y él me lo concedió’”. Tres días después, Benito veía subir una paloma desde el monasterio hacia el cielo. Era el alma de Escolástica.