Jue
11
Feb
2010
Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo.

Primera lectura

Lectura del primer libro de los Reyes 11, 4-13

Cuando el rey Salomón llegó a viejo, sus mujeres desviaron su corazón tras otros dioses y su corazón no fue por entero del Señor, su Dios, como lo había sido el corazón de David, su padre.
Salomón iba en pos de Astarté, diosa de los sidonios, y de Milcón, abominación de los amonitas. Salomón hizo lo malo a los ojos de Señor, no manteniéndose del todo al lado del Señor como David, su padre.
Edificó Salomón por entonces un altar a Camós, abominación de Moab, sobre el monte que está frente a Jerusalén, y otro a Milcón, abominación de los amonitas.
Lo mismo hizo con todas sus mujeres extranjeras que quemaban incienso y sacrificaban a sus dioses. Y se enojó el Señor contra Salomón, por haber desviado su corazón del Señor Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces, dándole instrucciones sobre este asunto: que no fuera en pos de otros dioses.
Pero no guardó lo que el Señor le había ordenado. El Señor dijo a Salomón:
«Por haber portado así conmigo, siendo infiel al pacto y a los mandatos que te di, te voy a arrancar el reino de las manos para dárselo a un siervo tuyo. No lo haré mientras vivas, en consideración a tu padre David; se lo arrancaré de la mano a tu hijo. Y ni siquiera le arrancaré todo el reino; dejaré a tu hijo una tribu, en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, mi ciudad elegida».

Salmo

Sal 105, 3-4. 35-36. 37 y 40 R/. Acuérdate de mí, Señor, por amor a tu pueblo

Dichosos los que respetan el derecho
y practican siempre la justicia.
Acuérdate de mí por amor a tu pueblo,
visítame con tu salvación. R/.

Emparentaron con los gentiles,
imitaron sus costumbres;
adoraron sus ídolos
y cayeron en sus lazos. R/.

Inmolaron a los demonios sus hijos y sus hijas.
La ira del Señor se encendió contra su pueblo,
y aborreció su heredad. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 24-30

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Entró en una casa procurando pasar desapercibido, pero no logró ocultarse.
Una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era pagana, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.
Él le dijo:
«Deja que se sacien primero los hijos. No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella replicó:
«Señor, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños».
Él le contestó:
«Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija».
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Dejaré a tu hijo una tribu en consideración a David”

Salomón, que al comienzo de su reinado agradó a Dios,  pidiéndole: “sabiduría para gobernar a su pueblo,” y que le fue concedida, de tal modo , que su sabiduría  fue admirada y conocida hasta fuera de las fronteras de su reino, posteriormente, se dejó arrastrar por el amor de las mujeres, para contentarlas, rindió culto a sus dioses. Su corazón se dividió entre el Dios de Israel  y sus pasiones, se prostituyó con otros dioses, alejándose del Dios de sus padres. A pesar de ello, Dios no le abandonó, fue Salomón el que se alejó de Dios.

Una vez más contemplamos la fidelidad de Dios. El había prometido a David un trono estable para su descendencia, y, a pesar de la prevaricación de Salomón , Dios conserva su fidelidad, a la promesa  “en consideración a mi siervo David y a Jerusalén, mi ciudad elegida”.

La fidelidad de Dios para con los hombres, es siempre firme, El no pude fallar, somos nosotros los que fallamos cuando  abandonamos sus mandatos. Dios por   amor a David mantiene la promesa. Si David fue fiel , su descendiente Cristo,  firma una   fidelidad perpetua,  Ël sella y  establece la Alianza Nueva y Eterna entre Dios y la humanidad, aunque todos fallemos, el permanece siempre fiel. La humanidad ha sido reconstruida y reconciliada con Dios en Cristo.

¿Cómo agradecemos su presencia entre nosotros?, ¿Lo recibimos o hacemos lo que dice el Evangelio:”vino a los suyos y los suyos no le recibieron”?.

  •  “También los perros comen las migajas que caen debajo de la mesa”

Seguramente que nos llama la atención la dureza de esta frase, con la que  Jesús contesta a la mujer. Jesús usa el mismo lenguaje con que los israelitas, aun hoy día, tratan a los extranjeros: ”perros gentiles”. Para poder entender estas palabras  en boca de Jesús debemos leerlas en el contexto en que las pronuncia.

Los fariseos le estaban tentando y querían cogerle   incumpliendo  la Ley y quebrantando sus costumbres, Jesús, que los conoce, contesta a la mujer con la misma frase que lo hubieran hecho ellos; estas frases hechas, dependen del sentido que se les dé, y creo que en esta ocasión, Jesús , al pronunciarla se dirigía a ellos con cierta ironía, pero a la mujer con bondad, se puede deducir de la confianza con que ella le contesta: “También los perritos comen de las migajas que tiran los niños”.

La fe, de esta mujer gentil, era grande y Jesús le concedió lo que pedía.

Cuando Jesús realiza milagros, no es para que la gente crea en él, generalmente lo hace de acuerdo a la fe de sus interlocutores.

Jesús, no vino sólo para  el pueblo de Israel, vino para todos los hombres, también para “los perros gentiles”, gracias a él, ya podemos llamar a Dios Padre, somos todos hijos, del mismo Dios. A cambio solo nos pide fe.

Pidamos :”Señor, yo creo, pero aumenta mi fe.”