Dom
8
Mar
2009

Homilía Segundo Domingo de Cuaresma

Año litúrgico 2008 - 2009 - (Ciclo B)

Éste es mi Hijo amado; escuchadlo

Comentario bíblico
de Fr. Gerardo Sánchez Mielgo - Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)



Primera lectura: Génesis 22,1-2.9a.15-18.

Marco:

El fragmento del domingo de hoy dirige nuestra mirada a una de las páginas más bellas y dramáticas de la Escritura: el así llamado sacrificio de Isaac. Toda la escena es profundamente significativa. Dos intereses principales conviene resaltar: en primer lugar, la declaración solemne de que Dios no quiere sacrificios humanos como se daba en las otras formas religiosas del entorno; en segundo lugar, proclamar que El es el centro de la historia y dueño de la vida y que desde él tiene valor todo. Isaac no fue sacrificado porque Dios no buscaba su vida. Recuérdese igualmente que este relato es un tipo (anuncio a través de una persona) del sacrificio pascual de Jesús.

Reflexiones:

1ª) Es necesario estar atentos a la voz de Dios.

El aquel tiempo Dios puso a prueba a Abrahán llamándole: ¡Abrahán!...toma tu hijo único al que quieres, a Isaac, y vete a al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio. Dios conoce los secretos del corazón del hombre y hasta lo más profundo de su intimidad. Pero la Escritura quiere enseñarnos, con una delicada pedagogía, con ejemplos vivos. Abrahán recibió a Isaac como un regalo porque no lo podía conseguir por la vía normal: Sara era estéril. Pero la vida diaria, la costumbre, con su rutina nos sitúa en el riesgo de perder el sentido de los orígenes. Abrahán se había acostumbrado a ver a Isaac como hijo suyo. Pero no es bueno que olvide que es un regalo de Dios. Por otra parte, en los pueblos circundantes se sacrificaban seres humanos a los dioses falsos. Dios quiere advertir a su pueblo que eso no le agrada. Que quiere que el hombre esté relacionado con Él, pero como hijo libre. Y pone a prueba a Abrahán. Y lo hace en lo que más quiere. Pero Dios tiene un secreto proyecto.

2ª) La pedagogía de la tentación.

Dios pone a prueba a Abrahán. San Agustín nos recordará que nadie es coronado si no vence; y nadie puede vencer si no lucha; y nadie lucha si no tiene enemigo delante; y el enemigo se manifiesta en la tentación. Por tanto, la tentación no es mala, sino necesaria para curtir y madurar la decisión libre del hombre; para que el hombre pueda elegir libremente se encuentra con la tentación. Bien es cierto, que hemos de leer estos relatos antiguos con atención: no es Dios quien no pone a prueba (ellos no distinguían adecuadamente entre la causa primera y la causa segunda en los actos humanos). El Nuevo Testamento nos recuerda que Dios no tienta a nadie: ¡Feliz el hombre que soporta la tentación! Superada la tentación, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman. Ninguno, cuando sea tentado, diga: 'Es Dios quien me tienta'; porque Dios no es tentado por el mal ni tienta a nadie (Santiago, 1,12-13). La tentación surge de la intimidad del hombre solicitada por atracciones que suscitan su inclinación al bienestar placentero. Pero es necesaria la lucha. Y ese es uno de los sentidos de la prueba y de la tentación.

3ª) Padre e Hijo en marcha.

Es sobrecogedor el diálogo entre el padre y el hijo (que no se recogen en la lectura abreviada de hoy). Van de camino y conversan. El hijo no conoce el sentido de este viaje. El padre sí. Y a partir de esta incomprensión se establece uno de los diálogos más entrañables, profundos y desgarradores de la Escritura. Toda la Escritura es una pedagogía espléndida y profundamente humana tanto en lo dramático como en lo trágico. Así nos quiere enseñar el Espíritu. Es necesario seguir adelante. El padre resume todo el sentido en una frase: Dios proveerá. El Dios bueno y amor proveerá, porque lo hace todo bien en la vida de los hombres.

Segunda lectura: Romanos 8,31b-34.

Marco:

El capítulo 8 de la Carta a los Romanos suele entenderse como una síntesis de la vida nueva en Cristo a través del Espíritu. Después del c. 7 en que Pablo, con un lenguaje plástico y profundo, narra la tragedia interior del hombre asaltado por el mal y deseoso del bien, este capítulo es la respuesta en positivo para quienes eligieron el bien a través de Cristo Jesús. Todo el capítulo es profundo en teología y experiencia cristiana.

Reflexiones:

1ª) ¡Dios está con nosotros!

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó a la muerte por nosotros, ¿cómo no nos dará todo con Él? La liturgia de la Palabra de este domingo está toda ella entretejida por algunas palabras-clave que conducen el conjunto: Padre, Hijo, entrega. Es una Palabra entrañable dirigida por el Espíritu al hombre atenazado por el temor y el miedo. Abre anchurosas veredas por donde transitar confiados. Una confianza que nunca nos defraudará porque anda por en medio el amor gratuito y generoso de Dios. Quien da lo más está siempre dispuesto a dar lo menos. Y el Padre nos ha dado a su entrañable Hijo. Esta es la novedad radical de nuestra fe. Esta es la Palabra que necesita nuestro mundo de hoy que no entiende de gratuidad porque se desenvuelve entre letras, recibos, pagarés, facturas. Poco dan algo gratuitamente. Lamentablemente se ha infil-trado este sentido de mercadería hasta en los hogares. Pero la Palabra de Dios no se queda en el lamento. Empuja a la acción: los creyentes podemos hacer creíble el amor de Dios si somos capaces de recibirlo y vivirlo como algo gratuito y humanizador.

2ª) ¡Cristo intercede por nosotros!

Dios es el que justifica. ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo Jesús que murió, más aún que resucitó, y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros? El Dios Fiel extiende una mano al hombre. La justificación es la rehabilitación del hombre a su dignidad humana, es decir, imagen y semejanza de Dios. Y, por la obra de Cristo, hijo adoptivo suyo. Y cuando Dios toma esta decisión la mantiene y la realiza. La experiencia humana nos enseña de una manera cruel que el temor y el miedo invaden al hombre. El hombre tiene miedo, un miedo paralizador de su interioridad. Está rodeado de ruido, pero en la hondura de su ser tiene miedo. Dios lo sabe, porque sondea nuestra intimidad, por eso ofrece una garantía de seguridad: su Hijo que ha muerto y resucitado, para liberar al hombre de la esclavitud y del miedo.¡Qué realistas son las respuestas que ofrece el Evangelio! Entra como una espada de doble filo en la intimidad del hombre y lo libera, lo cura y lo abre a la esperanza. Y Jesús puede ser nuestro intercesor. El mismo nos declaró: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.

Tercera lectura: Marcos 9,1-9.

Marco:

Este acontecimiento pertenece a lo que nosotros llamamos triple tradición, es decir, un acontecimiento del que nos dan testimonio los tres evangelistas. Todos los acontecimientos de la vida de Jesús son fiables, pero los que recogen los tres evangelis-tas gozan todavía de mayor valor. Y los tres, enmarcan este acontecimiento después de la confesión de Pedro en Cesarea y el primer gran anuncio de Jesús de su Pasión. Este anuncio, provocó en Pedro el rechazo asustado por el escándalo de la cruz.

Reflexiones:

1ª) ¡Entre la cruz y la gloria!.

En primer lugar, precisamente ya el marco en que los evangelistas incrustan este acontecimiento nos permite descubrir su primer valor para el anuncio y la predicación en este domingo. La radicalidad de las palabras de Jesús son de una autenticidad indiscu-tible. Se enseña habitualmente que las palabras de seguimiento son de las más auténticas y las menos discutidas de las que pronunció Jesús. Jamás ningún maestro de su tiempo ni después tampoco se atrevió formular tal invitación: "quien quiera ser discípulo de negarse a sí mismo y ponerse en marcha detrás de mí". Pero en línea anteriores, ha recelado sin ambages su destino, que por cierto sólo fue captado en su primera parte, es decir, la que habla de sufrimientos, traiciones, humillaciones y muerte. Jesús habló también de resurrección, de vida, de gloria. Pero los discípulos no entendieron. Pedro se escandaliza.

2ª) Jesús avalado por dos grandes profetas: Moisés y Elías.

En segundo lugar, el relato mismo nos invita a centrar la atención en algunos elementos más importantes. Mateo mismo nos invita a contemplar a Jesús como un nuevo Moisés, que se encuentra con Dios en un nuevo Sinaí, también en medio de una nube y rodeado de luz. La presencia de los dos personajes que se hacen presentes y que proceden de lo alto son Moisés y Elías, y precisamente los dos tienen relación importante con el Sinaí, y los dos representan lo mejor del profetismo. Personifican la Ley y los Profetas donde se encuentra la esencia de la revelación veterotestamentaria de la voluntad de Dios. Y también Mateo nos ha advertido ya (5,17ss) que Jesús ha venido a dar cumplimiento (histórico-salvífico) a la Ley. Y en otro momento de su ministerio nos dijo que toda la ley y los profetas se sintetizan en su nuevo mandamiento de amor a Dios y al prójimo (Mt 22,40).

3ª) Jesús, el Hijo predilecto del Padre.

En tercer lugar, la voz celeste procedente del Padre es una solemne declaración: Jesús es su Hijo amado, en quien se complace. La revelación nos remite a otro acontecimiento central en la vida de Jesús que es su bautismo (otro elemento importante para centrar bien el sentido de la cuaresma: tiempo de preparación y experiencia bautismal). Aquí como allí toda la escenificación está estructurada en las categorías apocalípticas. Esto significa, en lenguaje llano, que todas las imágenes utilizadas tienen como finalidad preparar el marco dramático para una singular revelación. El cielo y la tierra están en comunión a través de Jesús. El es el centro donde converge la realidad de lo alto y la más honda realidad de lo terreno. Este acontecimiento tiene especial relevan-cia para la comprensión de la misión de Jesús, para entender su persona, para entender su tarea de mediador. En lo alto del monte es una imagen que dirige la atención en el mismo sentido.

4ª) ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Jesús!.

En cuarto lugar, este reconocimiento y presentación de Jesús como Hijo muy amado, acompañado por Moisés y Elías, destinatarios de la más importante revelación veterotestamentaria, tienen una finalidad, una funcionalidad histórico-salvífica: que es necesario escucharle. El "escuchadlo" de este fragmento centra la atención del lector. Se le invita a que entienda todo el conjunto orientado a este centro. Jesús es el profeta singular (escatológico decimos en nuestro lenguaje). Y esto quiere decir que está dotado de las cualidades de quien puede revelar la última voluntad de Dios en favor de los hombres. Vienen a proclamar esta voluntad de la soberanía y del amor de Dios. El hombre no tiene otra alternativa, si se quiere poner en marcha hacia la verdadera salvación: escuchar la palabra de Éste de quien dan testimonio la ley y los profetas y que, por lo tanto, está por encima de la ley y de los profetas. Sólo Él tiene la definitiva palabra de salvación.

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)