Todo es posible al que tiene fe.

Primera lectura

Primera lectura, Eclesiástico, 1,1-10

Antes que todo fue creada la sabiduría, la inteligencia y la prudencia antes de los siglos…El Señor en persona la creó, la conoció y la midió, la derramó sobre todas sus obras; la repartió entre los vivientes; según su generosidad la regaló a los que le temen.

Salmo

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,13-28

Al ver a Jesús la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo….Se lo llevaron (al poseído por el espíritu que no le dejaba hablar)… El padre del muchacho le dijo a Jesús: si algo puedes hacer ten lástima de nosotros y ayúdanos. Jesús replicó: -¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe. Entonces el padre del muchacho gritó.- Tengo fe, pero dudo, ayúdame. Jesús al ver que venía gente increpó al espíritu inmundo, diciendo: -Espíritu mudo y sordo yo te lo mando: Vete y no vuelvas a entrar en él. Gritando y sacudiéndolo, violentamente, salió. Al entrar en casa sus discípulos le preguntaron a solas: ¿Por qué no pudimos echarlo nosotros? Él les respondió: -Esta especie sólo puede salir con oración y ayuno.

Reflexión del Evangelio de hoy

La Sabiduría viene de Dios, leemos en otros lugares de la Sagrada Escritura. En época en la que se buscaba al hombre sabio como el referente del auténtico hombre, el Sirácida dice que esa sabiduría exige contar con Dios, él es quien puede otorgarla. La Sabiduría no se reduce a tener muchos conocimientos, a llenar la mente de erudición, sino a  saber utilizarla bien, con inteligencia y prudencia, como dice el texto. La Sabiduría es la que nos sitúa adecuadamente en la existencia, ante la creación, ante los demás. Para ello hemos de acudir a Dios. Él nos ha revelado dónde y cómo encontrarla. Jesús es la sabiduría, el logos, del Padre encarnado. Por eso es el referente necesario para encontrar respuesta sabia a las grandes preguntas.
El texto evangélico tiene una relevante fuerza dramática: el espectáculo del muchacho enfermo, retorciéndose, echando espumarajos, gritando cuando es liberado; el padre gritando ayuda. Y en medio de ese espectáculo Jesús con serenidad pone de relieve ante todo la fuerza de la fe: “todo es posible para el que tenga fe”. Nosotros participamos de esa enseñanza de Jesús; pero también nos reconocemos en el padre del muchacho: “tengo fe, pero dudo, ayúdame”. Su súplica es nuestra súplica. La respuesta será la de Jesús a sus discípulos: oración y ayuno. Oración, escuchar a Dios, sabiduría. Y ayuno: no desviarnos a lo superfluo, quedarnos con lo necesario, lo esencial y poner en ello nuestros intereses, nuestro corazón.